Presentarse en el escenario durante un lanzamiento era el sueño de muchos diseñadores, y pocas veces se tenía esa oportunidad. Así que cuando se daba, casi nadie la rechazaba.
Por eso Santiago no entendió.
—¿Por qué?
Sofía le explicó lo que había visto en las redes y lo que pensaba al respecto. En otro tipo de situación tal vez no habría cedido, pero lo que estaba en juego era la reputación de UME, así que no podía arriesgarse a que su presencia fuera el motivo del fracaso.
Santiago la miró en silencio. Ese brillo que había percibido en ella durante estos días parecía haberse apagado de golpe.
Antes la había despreciado por ser ama de casa, pero trabajando juntos había descubierto que Sofía era mucho más de lo que imaginaba, y hubo momentos en los que casi olvidó ese pasado suyo. Pero ahora caía en cuenta de que no era tan simple. Cuando se alejaba de lo que dominaba, la inseguridad seguía ahí, profunda y difícil de sacudir.
Santiago reflexionó un momento y respondió:
—Mañana no tengo tiempo, tengo demasiadas cosas encima. A demás no me gusta apropiarme del trabajo ajeno.
—Pero Santiago, estuviste en el proyecto de principio a fin, no sería apropiarte de nada.
—Si yo digo que sí lo es, entonces lo es.
—Es que...
—Ahora mismo solo nosotros sabemos cómo funciona el proyecto. O vas tú, o el lanzamiento se queda sin presentador. Decide.
No le dio oportunidad de terminar. Le puso el guion en la mano y se fue sin añadir nada más.
Sofía lo vio alejarse con una mezcla de impotencia y resignación. Entendía perfectamente lo que él quería decirle, pero nunca le había gustado apostar en situaciones así. Al día siguiente habría decenas de cámaras en esa sala, y una sola palabra mal dicha podía ser amplificada hasta el infinito, sobre todo con todos los prejuicios que ya cargaba encima. Cualquier error suyo se magnificaría el doble.
Para evitar eso, se quedó en el laboratorio practicando durante horas, hasta que no quedó ningún cabo suelto. Solo entonces se fue.

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