La respuesta estaba clara.
La sonrisa de Florencia se tiñó de satisfacción.
Alejandro guardó silencio un momento.
Cuando Florencia volvió al país, Javier y Laura le habían insistido en que retomaran su relación, pero él nunca le había dado importancia. Después, cuando Florencia desarrolló el nuevo proyecto para el Grupo García y los metió con éxito en el mercado de la robótica, las voces a su alrededor se fueron multiplicando, y las señales cada vez menos disimuladas de Florencia lo obligaron a pensarlo en serio.
Y lo pensó.
Pero la respuesta era…
—El divorcio es falso —dijo Alejandro—. Sofía no aceptaría divorciarse de mí.
La sonrisa de Florencia se congeló por un instante. Luego se volvió más amplia que antes.
—No importa. Puedo esperar.
Aunque tampoco tendría que esperar mucho.
Florencia miró la superficie tranquila del lago.
Hacía un momento le había dado una patada a Sofía en el pecho a propósito y la había mandado directo a la zona de algas. Cuando Alejandro la sacó, del otro lado ya no había movimiento, y ya había pasado un buen rato sin que Sofía apareciera.
Florencia no quería que le pasara nada de verdad. Solo quería que Sofía viera que Alejandro siempre la elegiría a ella primero, y que con eso se diera por vencida.
Fue entonces cuando Alejandro también notó algo raro.
Sofía seguía sin aparecer. Por más que estuviera buscando el anillo, nadie podía aguantar la respiración tanto tiempo.
Y de pronto un pensamiento lo golpeó.
Sofía no sabía nadar.
Lo recordó claramente: una vez alguien la había empujado a la piscina y ella había chapoteado desesperadamente sin poder mantenerse a flote.

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