La enfermera iba a hablar cuando Javier, que justo pasaba por ahí, se rio.
—Es de una embarazada de un cuarto de arriba, la echaron del hospital anterior. Alejandro, no les hagas caso, ellas escuchan tantos chismes que se confunden las cosas.
Alejandro por supuesto le creía a Javier.
Además, todos estos años él y Sofía siempre usaron protección, era muy difícil que ella estuviera embarazada.
Preguntó con tono casual:
—¿Cómo está Sofía? Escuché que también vino al hospital.
Javier desvió la mirada sintiéndose culpable.
—No fue nada, solo se raspó un poco. Probablemente escuchó que viniste a cuidar a Florencia y por eso fingió estar herida para llamar tu atención y ponerse celosa.
Mientras hablaba, Javier le echó una miradita de reojo a Alejandro.
Él no sospechó nada, se burló con una risa seca y se dio la vuelta para irse.
Javier respiró aliviado.
Después de que Alejandro se fue, de inmediato les advirtió a las dos enfermeras:
—Nadie puede decir nada sobre la paciente de este cuarto, ¿entendido?
Con tanto esfuerzo, Alejandro y Florencia apenas podían volver a estar juntos, no quería que pasara nada que lo arruinara.
Aunque sabía que a Alejandro no le gustaba Sofía, no podía garantizar que no fuera a encariñarse con el hijo de Sofía, o que por sentir lástima por ese bebé terminara sintiendo compasión o culpa hacia ella.
Como sea.
Mientras él estuviera ahí, jamás dejaría que los trucos de Sofía funcionaran.
***
Después de descansar dos días, Sofía salió del hospital y lo primero que hizo fue comprar un lugar en el cementerio al bebé.
Ese bebé desde antes de nacer no fue deseado, así que ella no había preparado ropita ni juguetes.
Sofía fue al centro comercial y con la ayuda de la vendedora compró todo lo que le pareció apropiado.
Al final, hasta la vendedora no pudo evitar aconsejarle:
—Señorita, los niños crecen muy rápido, no necesita comprar tanto, se va a desperdiciar.
A Sofía se le aguaron los ojos.
Negó con la cabeza.
Su bebé nunca iba a crecer.

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