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A Espinas romance Capítulo 1

—Cintia Torres, ¿de verdad estás de acuerdo con divorciarte de mi hijo? ¿No me estarás engañando?

—Así es. Pero quiero cien millones de pesos como compensación.

La voz al otro lado de la línea titubeó un momento.

—Está bien, pero en cuanto arregle todo, tienes un mes, máximo. ¡Después de eso, te largas de la vida de mi hijo!

Cintia forzó una sonrisa amarga.

Guardó el acuerdo de divorcio junto a otros papeles en una caja elegante y la selló.

Luego, abrió la aplicación de mensajes y respondió uno.

[Profesor, en un mes regreso a Umbral del Sur para el concurso de diseño.]

[¿De verdad? ¡No me vayas a salir con otra cosa, Cintia! Sentí que no te hacías justicia cuando dejaste todo por casarte.]

...

A las diez de la noche, regresó Baltasar Luján.

Aún no se había quitado los zapatos cuando la abrazó con urgencia, susurrándole una disculpa al oído:

—Perdóname, Cinty, había un poco de tráfico y se me hizo tarde. No te enojes conmigo, ¿sí?

Su mirada era tierna, rebosante de cariño.

Pero el ligero aroma a perfume que emanaba de él era particularmente penetrante.

«Tráfico en la carretera», seguramente acababa de bajarse de la cama de su amante.

Reprimió el ardor en sus ojos y le entregó la caja de regalo que estaba sobre la mesa.

Se obligó a sonreír.

—Toma, es para ti. Un regalo.

—¿Un regalo?

Baltasar lo tomó como si fuera un tesoro y se dispuso a abrirlo de inmediato.

Cintia levantó una mano para detenerlo.

—Mejor ábrelo dentro de un mes. Ese día es nuestro aniversario de bodas, será más significativo.

Baltasar detuvo el gesto y sonrió con ternura.

—Claro, mi amor. Lo que tú digas, tu esposo te hace caso.

Dicho esto, sacó su celular, le tomó una foto a la caja y la subió a sus redes para presumir.

La alegría en su rostro era incontenible.

Pero los ojos de Cintia se enrojecieron mientras varias imágenes pasaban por su mente… Baltasar la había cortejado desde la preparatoria hasta la universidad, una historia de amor intensa que culminó con él desafiando a su familia para casarse con ella. En aquel entonces, su suegra se había burlado, diciéndole que no existían los hombres fieles, que tarde o temprano se divorciarían, y le ofreció dinero para que se largara. Ella le había respondido que Baltasar era diferente.

Pero ahora, el mismo Baltasar le había dado una bofetada con la realidad, haciéndole sentir que, al final, solo importaba el dinero.

Al verla así, Baltasar soltó el tenedor de inmediato, alarmado, y la abrazó para consolarla.

—Te amo, Cinty, eres mi vida. Si lloras, se me parte el corazón. ¿Alguien te dijo algo? Dímelo, tu esposo te defenderá.

El amor y la preocupación en los ojos del hombre no parecían fingidos.

Cintia se sintió desorientada… En su mente aparecieron, sin que pudiera evitarlo, un par de imágenes: en una foto, él y otra mujer se besaban; en otra, caminaban de la mano por una calle en el extranjero.

En realidad, ella sabía desde hacía un mes que él la engañaba.

Y él creía que lo estaba ocultando a la perfección.

Pero no se daba cuenta de que el ligero perfume, el cabello largo en su ropa… todo lo había delatado hacía tiempo.

*Ja.*

¿De verdad la amaba?

En ese momento, el celular que estaba a su lado vibró.

El hombre miró de reojo, y una corriente oscura fluyó en sus pupilas antes de apagar la pantalla.

Pero Cintia alcanzó a ver el nombre: [Wendy].

—¿Qué pasa?

La garganta de Cintia se sentía áspera. Lo observó, buscando la más mínima grieta en su fachada.

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