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A Once Años de Mi Muerte romance Capítulo 47

Ayer, el desayuno que Malena trajo terminó comiéndoselo ella sola.

Pero para su sorpresa, hoy Federico apareció de nuevo con el desayuno.

—Ya desayuné —comentó Cristina.

Federico lo entendió de inmediato—. ¿El chef de la familia Nájera también te prepara el desayuno?

Cristina negó con la cabeza, animada—. ¡Él mismo lo hace! Y la verdad, le sale delicioso.

Los ojos de Federico se agrandaron, incrédulo—. ¿No que no te gustaban los sándwiches ni los cereales?

Desde chica, su hermana siempre prefería desayunos caldosos: fideos, tamales, sopas. Pero ahora, los oficinistas suelen comer algo frío al apurarse por las mañanas.

Marcelo, según lo que Federico imaginaba, era de esos que comen desayunos fríos, los típicos ejecutivos que acompañan todo con café recién hecho.

Mientras Cristina se abrochaba el cinturón de seguridad, siguió platicando—: No tienes idea, a Marcelo le gusta casi lo mismo que a mí. En la mañana prefiere fideos o tamales, y en la noche, cena ramen de pollo. ¡Además, él mismo los prepara, y se ve que ya tiene práctica!

Federico jugueteó con la pulsera de rosario en su muñeca y soltó con asombro—: ¿Y quién convenció a ese magnate para que se meta a la cocina?

Cristina soltó una carcajada—. Eso sí no lo sé, pero estos días su chef tuvo que ausentarse, así que no le quedó de otra que hacer él mismo el desayuno.

Federico dirigió la mirada hacia la entrada de la casa—. Ese señor Nájera no sólo sabe hacer dinero y es el primero en la fila para donar, ¡sino que también cocina! De veras, parece el hombre perfecto.

Cristina abrió los ojos al máximo—. Oye, Federico, ni se te ocurra enamorarte de Marcelo, ¿eh? Él solo sale con mujeres, ya sabes.

Federico se quedó callado unos segundos.

Finalmente, dos venas saltaron en su frente y murmuró—: Sólo he decidido tomarlo como ejemplo, eso es todo. De ahora en adelante, me voy a enfocar solo en mi trabajo.

Cristina sonrió, tranquila—. Me parece bien. Apréndele lo que puedas.

Federico asintió, encendió el carro y cambió el tema—. Por cierto, está raro: ninguna de las casas de por aquí está en venta. Malena preguntó en varias y nadie quiere vender.

Al principio, Cristina pensó que Marcelo sería alguien difícil de tratar. Pero estos días descubrió que era todo lo contrario.

Tal vez en la prepa él parecía distante sólo porque competían por el primer lugar.

Ahora que ya no competían por eso, Marcelo se mostraba amable y educado, como una brisa fresca después de la lluvia.

—No te preocupes, Marcelo es muy fácil de tratar. Si estás muy ocupado y no puedes venir por mí, no pasa nada. Yo me quedo en la casa y seguro no le molesto. Además, pronto entraré a la escuela y casi no estaré aquí, así que ni te preocupes por comprar una casa.

—Por cierto, deberías mejor preguntar si hay algún buen doctor cerca que sepa tratar problemas de sueño. Eso sí me ayudaría más.

Aunque ya había ido con muchos doctores sin resultados, tal vez ahora sí encontraría una solución.

—Está bien —respondió Federico.

...

Malena ese día llegó a la empresa en taxi.

La señorita de recepción la saludó como siempre—. ¡Buenos días, Malena!

Malena asintió—. Buenos días.

La recepcionista notó que Malena, quien casi nunca usaba joyas, llevaba un brazalete dorado de Tita en la muñeca.

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