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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 105

Vera volteó a ver a Sonia con orgullo. Josefa también intercambió una mirada de extrema satisfacción con su hermana. Las dos estaban rebosando de gozo y soberbia.

Sonia se cruzó de brazos y caminó sin prisa hasta pararse frente a Amaya. Su mirada desbordaba altanería:

—Ay, tu mamá... antes de la caída de tu papá, era la mujer más prepotente que te puedas imaginar. Como era la princesa de los Ibarra, ni siquiera se dignaba a dirigirnos la palabra.

»¿Pero de qué le sirvió? No pasaron ni unos años cuando la familia de tu abuela materna se fue al diablo. Tu papito se declaró en bancarrota y se fugó del país con el dinero, llevándose a tu tía y a tu hermano. Tu familia se quedó en la calle, ahogada en deudas. Además, para cuando tu mamá se dio cuenta, tu papá ya había vendido todo lo que tenía algo de valor. Ya no había vuelta atrás.

Amaya escuchaba cada palabra en absoluto silencio, mientras seguía dándose bofetada tras bofetada sin detenerse.

—Entre todas nosotras, tu familia nos debía cientos de millones. Era lógico que fuéramos a su casa a cobrarles, ¿no crees? Tampoco es como que estuviéramos pidiendo algo que no era nuestro.

»Luego, tu mamá vino a buscarnos. Nos dijo que unos matones de cobradores iban a amenazarla todos los días, y que tú ya estabas al borde de un colapso nervioso por el susto. Nos preguntó qué tenía que hacer para que la dejáramos en paz un tiempo, que si lo que queríamos era verla muerta.

A esas alturas, ambos lados del rostro de Amaya estaban severamente inflamados, pero no detenía sus manos.

Sabía que la verdad estaba cerca... y comenzó a golpearse aún con más fuerza.

El eco de las duras bofetadas resonó en el ambiente.

El sonido agudo de los golpes le provocaba a Sonia un placer casi sádico.

Con los ojos destilando maldad, continuó su relato, añadiendo lujo de detalles:

—Toda la vida dándoselas de inalcanzable... De joven se creía la reina de todas las fiestas de la alta sociedad, siempre queriendo ser el centro de atención. ¡Hasta nuestros propios prometidos le echaban flores, diciendo que era la dama más distinguida de Solsepia!... ¡Pamplinas! Por andar de exhibicionista se ganó a pulso su merecido.

Capítulo 105 1

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