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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 104

Enseguida, sacó su celular y le dio play a un video borroso y antiguo.

Había guardado ese archivo en su teléfono durante años sin atreverse a borrarlo.

Cada vez que Amaya la sacaba de sus casillas, ponía el video en bucle para deleitarse con él, alimentando cada vez más su resentimiento hacia esa familia.

Le plantó la pantalla del celular casi en la cara.

En la pequeña pantalla, Amaya pudo distinguir a varias mujeres elegantemente vestidas rodeando a otra. La humillaban, se burlaban y le daban golpes sin piedad.

La víctima estaba en el suelo, de rodillas, con la ropa casi hecha jirones. No se defendía en absoluto, solo bajaba la cabeza una y otra vez en señal de sumisión.

Amaya sintió una punzada en el pecho que le cortó la respiración. Se llevó la mano al corazón, sintiendo que se le escapaba el aire, y cuando vio que alguien jalaba del cabello a la mujer en el video, revelando por fin su rostro, su compostura se hizo pedazos.

En cuestión de segundos, le arrebató el celular a Josefa, lo estrelló contra el suelo con todas sus fuerzas y se abalanzó contra ella para arañarle el rostro.

¡Sí era su mamá!

¡Su pobre madre había sido torturada y humillada por esa bola de mujeres "refinadas" hasta parecer un animal acorralado!

La cordura abandonó el cuerpo de Amaya. En ese instante, su único deseo era acabar con la vida de Josefa y Sonia.

Pero, antes de que pudiera hacerles daño, dos de los gorilas de Josefa intervinieron y la inmovilizaron contra el suelo.

Cuando Boris llegó a la escena, se encontró a los guardaespaldas restregando sin piedad la cabeza de Amaya contra el cemento.

El ardor y el dolor en su mejilla eran indescriptibles.

Boris, enardecido, intentó abrirse paso entre el grupo de escoltas.

—¡¿Qué carajos están haciendo?! ¡¿Están locos?!

Pero dos hombres de gran tamaño lo interceptaron y lo sujetaron de los brazos, impidiéndole acercarse.

Cuando fue a buscar ayuda, en administración le habían puesto de pretexto que los guardias de seguridad estaban "muy ocupados con otros pacientes" y que nadie podía ir a acompañarlo en ese momento.

En ese instante, Boris comprendió que Josefa y su grupito tenían todo planeado. Habían ido con un solo propósito: pisotear a Amaya.

Y él estaba atado de manos.

Amaya hizo un esfuerzo por levantar la vista y miró a Josefa:

—Diles que suelten al señor Vargas... Yo... me arrodillaré.

Josefa y Sonia cruzaron una mirada de triunfo. Vera le hizo una señal a los guardaespaldas.

Capítulo 104 1

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