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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 840

Sin embargo, el sector inmobiliario, que manejaba cientos y miles de millones de manera rutinaria, con ciclos largos y flujos de capital extremadamente complejos, era la 'lavandería' perfecta para transformar dinero oscuro en activos completamente legales.

Dante llevaba años operando en Sudamérica. No tenía conexiones reales en Solsepia, y meterse de lleno al mundo de los bienes raíces por su cuenta era un suicidio seguro.

Por eso necesitaba al Grupo Muñoz, la principal desarrolladora inmobiliaria de la ciudad, para usarla como su escudo perfecto.

Dante necesitaba el prestigio de Diego Muñoz, y Diego Muñoz necesitaba con urgencia el dinero de Dante.

Era un trato sucio, un intercambio donde ambos sacarían provecho de la desesperación del otro.

Pero además, el hecho de que Dante tuviera tanta prisa solo confirmaba que ese dinero estaba al rojo vivo.

Diego había construido su imperio jugando con las reglas, manteniéndose siempre dentro de la legalidad. Jamás había cruzado la línea hacia negocios ilícitos.

Su padre, el señor Muñoz, le había inculcado como regla de oro: nunca tocar dinero sucio, esa era la línea roja que el Grupo Muñoz no podía cruzar.

—El dinero es bienvenido, siempre y cuando su origen sea honesto. Jamás pondría mis manos sobre fondos ilegales.

—Vera, te aconsejo que te mantengas alejada de Dante. No permitas que te use como un simple peón. Si la policía va por él, te aseguro que tú serás la primera en caer.

Con la mente clara y la decisión tomada, Diego le lanzó esa advertencia severa.

Luego, se levantó del sofá y habló con frialdad:

—Ya es muy tarde. Necesito descansar, deberías irte a casa.

Vera no podía creerlo. Había puesto todas las cartas sobre la mesa, le había presentado la salvación en bandeja de plata, y él seguía inamovible.

Su plan era convencerlo esa misma noche para arreglar una reunión con Dante a primera hora de la mañana. No imaginaba que los principios de Diego fueran tan difíciles de quebrar en medio de la crisis.

—Pero, Diego...

Vera se resistía a rendirse y trató de insistir.

Sin embargo, él levantó la mano, dejando claro que no iba a discutir el asunto ni un segundo más.

Frustrada y sin otra salida, Vera tuvo que darse la media vuelta y marcharse.

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