Pero ahora se daba cuenta de que todos tenían sus debilidades. La terquedad actual de Diego, incapaz de razonar, incluso le hacía dudar de su buen ojo para los negocios y las inversiones.
Romeo acababa de ser muy claro con sus palabras. ¿De verdad no entendía, o se estaba haciendo el tonto?
Romeo le había pedido que la cuidara por la confianza que le tenía, pero de ahí a atender personalmente a su mujer las veinticuatro horas del día durante su cuarentena... eso, definitivamente, era pasarse de la raya.
Diego seguía haciéndose la víctima:
—Todos vieron la transmisión en vivo de hoy, ¿verdad? Admito que mi mamá y las demás estuvieron mal al atacar así a Amaya.
—Pero es obvio que Amaya se burló de ellas. Se hizo la mártir y, a sus espaldas, organizó todo para que unos drones transmitieran la escena.
—Luego hizo que les dieran el doble de cachetadas. Ahora mi mamá, Vera y mi tía Sonia están tiradas en una cama de hospital.
—Y con todo eso, no la culpé. Fui a buscarla, aguantándome el coraje, esperando poder arreglar las cosas. ¡Incluso le regalé a mi hija ese diamante rosa que me costó una fortuna! ¡Pero ella lo aceptó como si nada y, de paso, dejó clarísimo que no piensa perdonarme!
Axel se quedó sin palabras.
¿Este era el mismo Diego que antes solo hablaba de negocios e inversiones, y que nunca mencionaba sus asuntos familiares frente a ellos? ¿Por qué ahora parecía un disco rayado quejándose de todo?
La imagen idealizada que Axel tenía de él también se hizo añicos; en ese momento, deseó volverse invisible. No quería meterse en ese enredo familiar sin pies ni cabeza, pero irse tampoco era una buena opción, así que se puso a servir tragos con más insistencia.
Camilo no pudo aguantar más y soltó un bufido:
—¿Y no has pensado por qué tu mamá y las otras dos se atrevieron a ir a molestar a Amaya con tanto descaro, sabiendo que es tu esposa? En el fondo, ¿no crees que fue provocado por lo poco que te importa Amaya?
—La transmisión en vivo fue su manera de defenderse. Si no hubiera hecho nada, ¿no sería ella la única y gran víctima el día de hoy?
—Y sobre las cachetadas dobles, la verdad, si yo me enterara de que mi mamá fue acosada y humillada así por ellas en el pasado, ¡olvídate del doble de golpes, capaz que mato a alguien!
—Ya que Romeo te acaba de decir la verdad, yo también seré honesto contigo. Yo no organicé esa transmisión, ¡así que deja de sospechar que Amaya y yo tenemos algo que ver!
—Pero sí, me gusta Amaya. Si no puedes hacerla feliz, mejor déjala ir. ¡Yo apoyo que se divorcien de una buena vez para que ella pueda librarse de esto!
Tras decir esas palabras, Camilo dio media vuelta y también se fue.
El lugar quedó en completo silencio. Solo se quedaron Axel, que estaba pasmado, y Diego, que tenía la cara roja de puro coraje.
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