Entrar Via

Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 340

—¡Oficial, me está difamando! ¡Está levantando falsos testimonios! ¡Arréstela en este instante!

Josefa gritaba sin ningún tipo de pudor, sintiéndose completamente intocable.

Al escucharla, el oficial soltó una ligera carcajada cómplice y miró a Beatriz con desdén:

—Señora Beatriz, hay que tener pruebas antes de abrir la boca.

—Si no se abrió una carpeta de investigación hace quince años, es evidente que no tenía las pruebas suficientes. Le sugiero que deje de inventar historias. La señora Josefa es la madre del mismísimo presidente del Grupo Muñoz. ¡Difamarla de esta manera es un delito que se paga con cárcel!

Beatriz lo enfrentó con una mirada afilada:

—¿O sea que ni siquiera van a investigar y ya decidieron que estoy difamando?

Apenas pronunció esas palabras, la voz grave, fría y amenazante de Diego resonó desde la entrada:

—¡Por supuesto que la estás difamando! ¡Exijo que te disculpes con mi madre en este instante!

Sin perder un segundo, Diego cruzó la puerta con furia y se plantó junto a Josefa, interponiéndose para protegerla.

Vera, que había llegado junto con él, también corrió hacia Josefa, sosteniéndola del otro brazo con una mirada exagerada de preocupación.

Los dos la rodeaban, creando una escena tan conmovedora que parecían la familia perfecta.

Al ver este teatrito, Amaya sintió una punzada de asco en el pecho.

Se aferró al brazo de Beatriz y, con voz gélida, respondió:

—¡Disculparme un carajo! Diego, quizá los demás no sepan si esto es difamación o no, pero tú lo sabes perfectamente.

Hacía apenas unos días, él mismo la había amenazado usando esas fotos y videos.

Él más que nadie sabía las atrocidades que había cometido su madre, pero allí estaba, mintiendo descaradamente solo para protegerla.

Como siempre, para Diego su familia era lo único que importaba... El resentimiento y la frialdad en el corazón de Amaya se volvieron absolutos.

Diego miró fijamente a los ojos de Amaya:

Esas fotos y videos todavía estaban guardados en la galería de su teléfono.

Aún no había tenido tiempo de borrarlos.

¡Si Amaya se los entregaba a la policía, quedaría más que probado que su madre y su grupo de amigas habían humillado y extorsionado a Beatriz!

Diego siempre había creído que ese incidente era una cicatriz tan dolorosa para Beatriz que jamás se atrevería a hablar de ello, que preferiría llevárselo a la tumba antes de exponer su propia vergüenza.

Jamás se imaginó que ella tomaría una decisión tan radical: sacrificar su propia reputación y presentarse voluntariamente en la policía para denunciar.

Y lo que menos imaginó fue que su plan original —usar ese material solo para asustar y controlar a Amaya— se voltearía en su contra.

Ahora que Amaya tenía su teléfono, si los oficiales extraían la evidencia, su madre y todas esas mujeres de la alta sociedad terminarían, sin lugar a dudas, tras las rejas...

Un sudor frío le empapó la espalda en cuestión de segundos. Se lanzó hacia Amaya con una mirada letal y terrorífica, exigiéndole con voz profunda:

—Amaya, devuélveme el teléfono.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta