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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 607

Esas palabras parecieron ir dirigidas a Amaya, pero en el fondo, sonaban como si intentara convencerse a sí mismo.

Amaya lo ignoró por completo.

Se dio la media vuelta y se marchó, caminando con una elegancia y firmeza inquebrantables.

Inconscientemente, Diego dio un par de pasos tras ella, pero se detuvo de golpe, clavando la mirada en su espalda.

Sabía que ella no voltearía, pero en lo más profundo de su ser, rogaba que al menos lo mirara una vez más.

Y entonces, justo cuando estaba por subir a su auto, Amaya giró la cabeza y le hizo una seña con la mano.

Las pupilas de Diego se dilataron. Acortó la distancia rápidamente, y una sonrisa de triunfo se asomó en su rostro:

—Ami, tú...

—Solo un recordatorio amistoso: ¡haz el favor de arreglar los destrozos que tu mamá dejó en la Villa Jardín del Edén lo antes posible! Si no, ¡podría terminar mandándola a prisión de nuevo!

Amaya, al acordarse del incidente, le lanzó una sonrisa junto con esa última advertencia, se subió ágilmente al coche y arrancó el motor sin perder un segundo.

Diego creyó que iba a decirle algo tierno, pero recibió un golpe seco.

Sintió un nudo en la garganta y casi se ahoga del coraje.

Al ver cómo el auto de Amaya se alejaba, sin la menor señal de arrepentimiento ni intención de dar marcha atrás, la desesperación lo invadió.

Esa sensación asfixiante de querer aferrarse a algo y ver cómo se escurre entre los dedos lo dejó sin aliento.

—¡Amaya! ¡Te vas a arrepentir!

La rabia repentina lo dominó y, en un arrebato, hizo pedazos su certificado de divorcio y lo tiró al primer basurero que vio.

...

Amaya no le había contado a nadie que iba a firmar el divorcio.

Al llegar a casa, guardó los papeles en un cajón, se preparó un buen baño de pétalos de rosa y leche, y dejó que el agua se llevara todo el agotamiento de esa interminable guerra.

Luego, se puso un pijama cómodo, descorchó una botella de champán, se sirvió una copa y se sentó en la silla de su balcón, saboreando el momento en paz.

—Diego, ¿cómo te fue? ¿Ya firmaron los papeles?

Hubo un silencio de varios segundos antes de que se escuchara la voz grave y apagada de Diego:

—Sí.

Las tres hermanas se acercaron de inmediato para escuchar.

Al oír esa simple palabra, todas soltaron un grito ahogado de felicidad.

¡Por fin!

¡Diego por fin había cortado de raíz con esa bruja!

¡Nunca más su familia tendría que soportar los caprichos de esa mujer!

Aunque Diego había pagado un precio brutal para lograrlo, soltando una verdadera fortuna para librarse de ella...

Pensar que el Grupo Muñoz acababa de conseguir una gigantesca inversión, y que además, la heredera del Grupo Zaldívar en Santa Lucía llevaba tiempo enamorada de él y quería unirse a su familia... Eso hacía que, a pesar del golpe al bolsillo, la alegría superara a la pérdida.

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