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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 634

A pesar de haberse puesto unas sandalias por un rato para descansar los pies, haber llevado tacones tan altos toda la noche le pasó factura. Al finalizar, Amaya sentía un dolor punzante en las plantas de los pies.

Al subir al auto, lo primero que hizo al sentarse fue quitarse los zapatos.

Romeo ya le había pedido al conductor que preparara un par de toallas blancas calientes. Se agachó frente a ella y envolvió sus delicados pies con sumo cuidado.

Hizo todo con tanta naturalidad, como si fuera la tarea más normal del mundo.

Amaya, por el contrario, se sorprendió muchísimo y, un tanto nerviosa, sintió que las mejillas le ardían.

—Eh... no te preocupes, Romeo, yo puedo hacerlo.

—Traes puesto un vestido bellísimo, no es cómodo que te agaches. Déjamelo a mí.

Romeo le sonrió y, tras terminar de envolverle los pies, se sentó a su lado.

—¿Vamos a mi casa primero?

—Ya le pedí a la empleada que lavara y secara tu ropa de cambio. Puedes ir allá, ponerte algo cómodo, cenamos un poco y luego te llevo a Residencial Monte Verde.

Amaya no tenía que preocuparse por absolutamente nada; Romeo ya había planeado cada detalle en su cabeza.

Su amabilidad y atenciones la dejaron sin argumentos para negarse.

Amaya le dedicó una sonrisa suave.

—Está bien, lo que tú digas.

Pero en el fondo, sentía que le debía demasiado.

—Sin embargo, Romeo, tú haces tantas cosas por mí y yo siento que no hago nada por ti.

Romeo rió suavemente y le pellizcó la mejilla con cariño.

—Son solo detalles sin importancia. No me cuesta nada.

—Además, le prometí a tu hermano que cuidaría de ti, y como somos socios, es mi deber asegurarme de que estés bien en todos los aspectos, tanto física como emocionalmente.

—Te lo vuelvo a decir: simplemente disfruta que te consientan, no le des tantas vueltas.

Amaya soltó una carcajada, sintiendo que el peso de la culpa desaparecía.

—De acuerdo.

—Salud, Romeo. Y gracias por todo.

Romeo la miró a los ojos, notando la sinceridad de su agradecimiento, sonrió y chocó su copa con la de ella.

—Que anunciaran tu premio esta noche fue otro regalo que preparé para tu nueva vida de soltera.

—Ami, eres un diamante que estuvo escondido en el polvo. Confía en mí, a partir de ahora, el mundo entero verá cómo brillas...

Las palabras de Romeo dejaron a Amaya pasmada.

Ella se había preguntado por qué habían cambiado el protocolo de la premiación, ya que normalmente eso no pasaba.

Además, muy poca gente tenía la influencia suficiente para hacer que una eminencia como don Patricio Moreno revelara la noticia antes de tiempo.

Resultaba que todo había sido obra de Romeo.

¿Cuántas cosas más estaba haciendo por ella en silencio, sin que ella lo supiera?

Amaya se quedó en silencio, observando fijamente el rostro de Romeo.

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