El término «esposa del jefe» enfureció por completo a Amaya:
—¡Diego, suéltame! ¡No me obligues a hacer una locura!
Diego bajó la mirada hacia ella, aferrando sus manos con fuerza:
—Dime, ¿no has hecho suficientes locuras últimamente? Pórtate bien, ¿sí, mi reina?
Esa voz profunda y atractiva le provocó escalofríos a Amaya. Ella entrecerró los ojos, mirándolo con peligro:
—Diego, te di la oportunidad de arreglar esto, pero tú no la aprovechaste...
Diego se quedó desconcertado por un segundo:
—¿Qué?
De repente, Amaya le pisó el empeine con todas sus fuerzas. El dolor punzante del tacón hizo que Diego la soltara por puro reflejo.
Un fuerte estruendo resonó de golpe.
Al segundo siguiente, Amaya empujó al suelo una pieza de colección carísima que Diego tenía en su oficina y que le había costado una fortuna.
Esa escultura que Diego usaba como amuleto de la suerte se estrelló pesadamente contra el piso y se agrietó al instante.
—¡Amaya!
Diego abrió los ojos de par en par, y su nivel de ira se disparó.
Amaya, con el rostro frío y sin darle tiempo a reaccionar, arrancó de la pared la tabla de horarios, la hizo pedazos y la pisoteó con furia.
Diego se puso pálido del coraje.
Esa tabla era un cronograma de trabajo que mandó a hacer con especialistas para gestionar mejor al departamento de diseño.
El documento detallaba meticulosamente los tiempos, las tareas y turnos de cada integrante, a tal punto que, salvo la media hora de comida, hasta las idas al baño estaban cronometradas al segundo.
Para él, era una herramienta para aumentar la eficiencia y cumplir con la agenda.
Pero esa tabla era, en realidad, un infierno impuesto sobre el departamento de diseño, y muy en especial sobre Amaya... En el pasado, por el amor que le tenía, ella lo soportó en silencio durante cinco años.
Ella y su equipo se habían convertido en verdaderos esclavos dentro de Grupo Muñoz por culpa de esa tabla.
Ahora, ese horario que Amaya siempre quiso destruir, junto con todo el «control» que Diego ejercía sobre ella, se había reducido a un montón de papel triturado.


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