Al escuchar el plan, los ojos de Josefa brillaron de emoción.
Aunque no provenía de una familia adinerada, después de tantos años en los altos círculos de la sociedad, si había algo en lo que era experta, era en organizar eventos sociales de alto nivel y llamar la atención.
—¡Excelente! ¡La celebración del 30 Aniversario es una excusa majestuosa y sumamente elegante!
Su voz reflejaba un gran entusiasmo:
—¡Hijo mío, tienes todo mi apoyo! Tú enfócate en los negocios y déjame a mí encargarme de organizar la fiesta y conseguir a los medios de comunicación.
—Aprovecharemos este 30 Aniversario para taparles la boca a todos los que se atrevieron a burlarse de nosotros. ¡La élite de Solsepia verá que el Grupo Muñoz no solo sigue de pie, sino que nuestro imperio se está expandiendo!
Melina también se sumó a la emoción:
—Mamá tiene toda la razón. Las tres dejaremos a un lado nuestras cosas y la ayudaremos a organizar todo para que el evento sea espectacular. Además, vigilaremos de cerca a Alba para asegurarnos de que no intente jugarnos chueco por la espalda.
Leonor asintió en señal de acuerdo:
—Perfecto, yo me encargaré de contactar a todos nuestros clientes, desde los más grandes hasta los más pequeños, para invitarlos y calmar cualquier duda que tengan sobre la empresa.
Paula, con su actitud callada habitual, simplemente asintió con una ligera sonrisa:
—Yo ayudaré en todo lo que necesiten.
Una sonrisa de satisfacción apareció en los labios de Diego. Asintió suavemente, con la mirada puesta en un objetivo más allá:
—De acuerdo, cuento con ustedes entonces.
—El nivel de este evento debe ser el más lujoso y exclusivo. Esta es nuestra oportunidad de limpiar nuestro nombre y callarles la boca a todos los que dudaron de nosotros.
Josefa se dio unas palmaditas en el pecho, rebosante de seguridad:
—Para tener un puesto de directora ejecutiva, seguro que es de mi edad más o menos. Después de todos mis años codeándome en este ambiente, sé tratar a cualquier tipo de mujer. No me importa de dónde venga, pero te juro que en cuanto pise nuestra fiesta, la haré sentir la sinceridad y el poder de nuestra familia.
—No te preocupes. Con la ayuda de Melina y Paula prepararé todo esta semana. Incluso buscaré la forma de volverme su mejor amiga.
—Perfecto, confío en ti, mamá —dijo Diego en voz baja, masajeándose la sien, sintiendo por primera vez en semanas que podía respirar tranquilo.
Faltaba muy poco para que la familia Muñoz recuperara su prestigio.
Diego estaba decidido a volver a la cima.
Juró en silencio que volvería a ser el hombre que Amaya tanto admiraba... y también, quería a su hija.

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