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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 670

Al pensar en su pequeña hija, el corazón de Diego se ablandó y una ola de nostalgia lo invadió.

Según el acuerdo de divorcio, tenía derecho a visitar a Reni una vez al mes.

Diego calculó rápidamente el tiempo.

Qué rápido pasaba; ya casi se cumplía un mes desde que se divorciaron...

Sacó su teléfono y llamó a Marcos Torres.

Amaya se negaba a hablar con él, exigiéndole que tratara todo asunto relacionado con el divorcio a través de su abogado, Marcos.

Esto frustraba inmensamente a Diego, pero no había nada que pudiera hacer.

Reprimiendo su irritación, cuando le contestaron, le dijo directamente a Marcos:

—Licenciado Torres, dígale a Amaya que, según el acuerdo, hoy me toca ver a Reni. Pregúntele si le viene bien.

La voz de Marcos sonó del otro lado con un tono despreocupado:

—Ami, tu exmarido dice que quiere ver a su hija y pregunta si te viene bien.

En ese momento, todos estaban en la habitación de hospital de Camilo Torres.

Sintiéndose culpable, Amaya había decidido pagar por todo el tratamiento y la rehabilitación de Camilo.

Camilo ya se había recuperado bastante de sus demás lesiones; lo único que le tomaría más tiempo sanar eran sus fracturas óseas.

Amaya ni siquiera levantó la mirada:

—Dile que vaya a Residencial Monte Verde esta tarde. Estaré en casa después de las dos; si quiere, puede ir.

La voz burlona de Marcos regresó a la línea:

—¿Escuchaste eso, exmarido? Ami dice que te espera en Residencial Monte Verde después de las dos de la tarde. Eres libre de ir si quieres.

La palabra exmarido se le clavó a Diego como una espina en el pecho.

Tras unos segundos de silencio, controlando sus emociones, respondió:

Amaya se frotó los ojos somnolientos y, al levantarse de la cama, vio a Diego parado en el marco de la puerta.

Vestía un traje a medida de color oscuro a rayas, combinado con una camisa de seda negra ligeramente desabotonada en el cuello. Con una mano en el bolsillo y una expresión seria en el rostro, no quedaba ni rastro de su antigua apariencia deprimida.

De hecho, tenía un aire imponente y arrollador, parecido al que tenía cuando ella lo conoció.

Lo único diferente era que su traje, que antes le quedaba como un guante, ahora le quedaba un poco holgado.

Su rostro también se veía un poco más delgado, haciendo que sus facciones resaltaran y se vieran más definidas y atractivas.

Amaya se quedó paralizada por un par de segundos, mirándolo fijamente sin poder evitarlo.

El nivel de atractivo de Diego parecía haber aumentado de la noche a la mañana, y además, era evidente que se había arreglado especialmente para la ocasión.

—¿Ya despertó mi princesa?

Al sentir la mirada de Amaya sobre él, Diego sintió una punzada de alegría en el pecho.

Contuvo una sonrisa, mantuvo su mano en el bolsillo y dio un paso hacia adentro—

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