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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 736

Después de varios días sin recibir un solo mensaje suyo, Amaya sentía un vacío enorme en el pecho.

Pero ahora, al verlo caminar firme a su lado, esa sensación de caída libre se desvaneció, reemplazada por una alegría que fluía por sus venas de forma instintiva.

Sin embargo, se apresuró a reprimir esa emoción, negándose a pensar más allá de la cuenta.

Romeo pareció notar su mirada. Giró ligeramente el rostro y, con los ojos fijos en ella, le susurró en un tono muy grave:

—¿Espiándome? ¿Acaso sientes que me puse más guapo en estos días que no nos vimos?

Amaya apartó la vista de golpe, con las orejas ardiéndole aún más, pero se mantuvo firme:

—Nadie te está mirando, yo solo veo el camino.

Romeo soltó una carcajada baja, pero no insistió. En su lugar, acortó la distancia entre ambos hasta que sus brazos estuvieron a milímetros de rozarse.

Amaya sintió una especie de corriente eléctrica recorriéndole el brazo derecho y, justo cuando dudaba si apartarse o no, una voz profunda e inconfundible resonó a sus espaldas:

—Amaya, ¿también vas a Aquilinia?

Ambos se detuvieron en seco.

Al darse la vuelta, vieron a Diego Muñoz. Llevaba una camisa de seda blanca y pantalones de vestir oscuros, aferrado a una elegante maleta de mano negra.

Sus ojos barrieron la cercanía entre Amaya y Romeo, destellando una fugaz sombra de rencor.

Pero no hizo una escena vulgar. Con un par de zancadas imponentes, se metió justo en medio de los dos, imponiendo su presencia como una muralla de hielo.

Con un movimiento sutil de los hombros, desplazó a Romeo a un lado y clavó su mirada en Amaya, hablando con una arrogancia que asfixiaba:

—Qué coincidencia, yo también tengo un viaje de negocios por allá. Puedo aprovechar para darte un aventón.

La interrupción de Diego fue como un balde de agua fría que destrozó la atmósfera íntima entre Amaya y Romeo.

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