Vera debía de haber reservado esa habitación con mucha antelación, usando sus antiguos contactos en Aquilinia.
La gran pregunta era: ¿Por qué Vera había planeado su viaje a Aquilinia con tanto tiempo de anticipación?
Llevaba ya bastantes días en el país, ¿qué intenciones ocultas tenía?
Intrigado, Romeo no perdió el tiempo y le envió un mensaje a su asistente de confianza en Aquilinia, Catherine, ordenándole investigar todos los movimientos de Vera desde su llegada.
Su intuición le decía que la llegada anticipada de Vera a Aquilinia no era una simple casualidad.
Al notar que Romeo miraba pensativo en la dirección por donde se habían ido Vera y Diego, Amaya soltó en tono de burla:
—¿Qué pasa? ¿Te incomoda ver a mi exesposo compartiendo habitación con otra mujer?
Aunque sabía que era una broma, Romeo recuperó su compostura y le respondió con seriedad:
—Por supuesto que no. Jamás me molestaría por algo así. A menos, claro, que fueras tú la que compartiera habitación con él...
Las palabras de Romeo hicieron que las orejas de Amaya ardieran de repente. Entró apresuradamente al ascensor, fingiendo no haberlo escuchado para cambiar de tema.
—Vámonos, me muero de hambre. Hay que ir a cenar de una vez.
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Romeo.
Al principio, creía que él era el más torpe en cuestiones del amor.
Pero ahora se daba cuenta de que Amaya estaba exactamente en las mismas.
Cuando Amaya se casó de repente con Diego, Romeo había creído sinceramente que ella había encontrado al amor de su vida y que estaba dispuesta a todo por él.
Sin embargo, visto en retrospectiva, su matrimonio con Diego se parecía mucho a la relación forzada que él había tenido con Vera.
Ambos habían sido empujados a compromisos por las circunstancias.
Y siendo dos personas extremadamente meticulosas y que nunca hacían las cosas a medias, habían terminado siendo sumamente imprudentes en sus primeras experiencias matrimoniales.

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