Temeroso de ser descubierto, esa misma noche, incluso al aplicarle los remedios a Vera, Hugo actuó como si escondiera algo, evadiendo en todo momento hacer contacto visual directo.
Vera no le dio mayor importancia, y cuando él le avisó que se iba a dormir justo después de curarla, tampoco notó nada extraño.
Una vez que él se fue, ella encendió su computadora y le envió todos los archivos de la memoria USB a Adrián Leal.
Al día siguiente.
Hugo le aplicó la medicina como de costumbre y le detalló las indicaciones a Doña Rosa, que acababa de llegar al departamento.
—Me voy a la empresa.
Hugo no quería separarse de ella. Aunque la herida en su espalda le daba una excusa perfecta para quedarse en casa, temía que Vera comenzara a indagar sobre su labio lastimado.
Asustado de que ella pensara que era un pervertido, se despidió con un suspiro ahogado y se marchó al corporativo.
—Señor Heredia, ya tenemos nuevos avances sobre el accidente de tráfico y el secuestro de su esposa.
Al escuchar a Sebastián, Hugo lo meditó un momento. —Envíale una copia a ella y otra a Mateo Castillo.
Mientras tanto, en el departamento, Vera también estaba analizando el caso.
Adrián llegó de visita con fruta, se sentó en el sofá y colocó una pila de documentos sobre la mesa de centro.
—Murieron dos personas en el accidente: el conductor del camión pesado, Zacarías Duarte, y el conductor del sedán, Jacinto Kante. Ambos tenían un rasgo en común: estaban hundidos hasta el cuello en deudas de juego.
Vera hojeó los archivos y reparó en un detalle crucial.
—Según la información que me proporcionó Hugo, la esposa de Zacarías Duarte recibió una transferencia de origen desconocido por cinco millones de pesos. Sin embargo, en las cuentas de la esposa y la familia de Jacinto, no aparece absolutamente nada.
Adrián asintió, dándole la razón. Ese era exactamente el punto que más llamaba la atención.
Un camión de carga pesada jamás debió haber estado circulando por una ruta de montaña clausurada para una carrera, y ahora, además, surgía una transferencia sospechosa.
—Eso quiere decir que Zacarías sabía perfectamente que su trabajo ahí era atropellar a alguien, solo que no esperaba terminar muerto en el proceso.



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