Antes de que Sebastián Soler pudiera terminar de hablar, Hugo abrió la puerta.
—Vamos.
Hugo olía a tabaco, pero su rostro había recuperado su habitual aura de elegancia y frialdad.
Sebastián dejó escapar un suspiro de alivio; de verdad temía que su jefe se dejara consumir por la angustia y terminara asfixiándose con su propio humo.
Dentro del reservado, Vera miraba a Patricio con una expresión indiferente.
—Te agradezco por cada vez que me cuidaste y me acompañaste en estos seis años. Justamente por eso ahora podemos separarnos en paz. ¿O acaso crees que mis amigos regresaron al país y no armaron un escándalo por la cancelación del compromiso, simplemente porque no querían involucrarse?
Vera tenía la mente muy clara.
Los cuidados y la compañía de Patricio, quizás, en un principio, sí estuvieron cimentados en sentimientos genuinos.
Pero la forma en que terminaron fue de todo menos digna.
Ella misma había detenido a sus amigos para que no fueran a buscar a Patricio, y no le exigió explicaciones a la familia Heredia por romper el compromiso; con eso, sentía que había cumplido con su parte.
—Vine hoy únicamente para conseguir los datos de la familia del conductor responsable del accidente. Si tu información no me ayuda a encontrar pistas sobre mi secuestro, no veo motivos para seguir con esta charla.
Vera lo observó con calma. Ella había superado completamente a Patricio el día en que él afirmó que todo lo que hubo entre ellos fue solo un arreglo.
Por lo tanto, ahora no había forma de que sus palabras la hicieran dudar.
—¿No me perdonas por culpa de Hugo? —preguntó Patricio, negándose a darse por vencido.
Vera negó con la cabeza. —Él no tiene nada que ver. No te perdono simplemente porque, después de todo lo que has hecho, no vale la pena mirar atrás.
Sus palabras fueron frías y cortantes. Justo en ese momento, Erick entró empujando el carrito de la comida.
Patricio sentía un arrepentimiento infinito en el corazón. De haber sabido que las cosas terminarían así, jamás habría elegido un método tan infantil para alejarla.
Realmente llegó a creer que el amor de esos seis años era inquebrantable y que Vera sería incapaz de vivir sin él.
Al final, su propio ego lo destruyó.
—Comamos primero. Después de cenar te daré la memoria USB.
Patricio se sentó derrotado. Al ver que Vera comía sin mostrar el más mínimo rastro de emoción, no pudo contener la pregunta que lo carcomía por dentro.
—¿Te gusta mi primo?
Vera bajó la mirada, instintivamente analizando la pregunta en su mente.
¿Le gustaba?
Aún no tenía muy clara su propia definición de «gustar».
Patricio había sido su primer amor, pero estuvo con él simplemente porque era el hombre con el que se suponía que iba a casarse en el futuro, así que nunca tuvo que detenerse a pensar si le gustaba o no.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca