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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 40

Vera finalmente fue a la mansión Ayala, y al llegar, descubrió que el lugar seguía siendo un caos absoluto.

Ofelia estaba sentada en el sofá con aire desinteresado, jugando con su celular como si el mundo no se estuviera cayendo a pedazos.

Santiago, de pie junto a su abuela, tenía una mirada cargada de resentimiento.

—Mamá, si no hubieras insistido tanto en enviar a Vera al extranjero, no se habría vuelto tan astuta ni habría tenido el poder para mandar a papá a la cárcel.

Pandora, con las marcas rojas de dos fuertes bofetadas aún visibles en sus mejillas, tenía los ojos hinchados de tanto llorar y estaba encogida en una silla, luciendo patética y sumisa.

—¡Eres un ave de mal agüero! ¿Por qué demonios dejamos que entraras a esta familia? Mi hijo mayor y mi hijo menor están en la cárcel, ¡y tú todavía tienes el descaro de llorar! ¿Por qué no te mueres de una vez?

Doña Beatriz escupía veneno con cada palabra, y nadie en la sala movió un dedo para defender a Pandora.

Vera se detuvo en el umbral y soltó una carcajada burlona, anunciando su llegada.

—¡Vera Ayala! ¿Todavía tienes el descaro de venir?!

Al verla, Ofelia tiró el celular y la fulminó con la mirada.

De todos modos, con toda la familia presente, no temía que Vera intentara algo violento.

Vera entró con pasos llenos de gracia, ayudó a su madre a levantarse y se sentó majestuosamente en el sofá, justo frente a Ofelia.

—¿No querían verme?

Vera recorrió la sala con una mirada imperturbable y luego fijó sus ojos en Santiago.

—Santiago... Incluso si mamá no me hubiera enviado al extranjero, mi vida sería igual de exitosa o mejor. Al fin y al cabo, mis excelentes notas siempre hablaron por sí solas.

Desde niña, siempre fue una estudiante prodigio; en la secundaria ya estudiaba el plan de estudios de la preparatoria por su cuenta.

Aunque los Ayala nunca la hubieran mandado lejos, con sus propias capacidades habría ingresado a la mejor universidad del país sin ningún problema. Además, haberse quedado le habría evitado un infierno de presión.

—¡Esas notas las conseguiste gracias al dinero de la familia Ayala! ¿De qué te sientes tan orgullosa? —Ofelia entrecerró los ojos y escupió—. Sin esta familia no serías nada. Y aun así te atreviste a mandar a mi papá y a mi tío a la comisaría. Eres una mujer despiadada.

—¿Despiadada?

Vera sonrió con ironía y asintió levemente.

—Tienes razón. No te lo voy a negar.

Bajo la mirada atónita de todos, arqueó una ceja y sacó una Carta de Indulto.

—El problema de Nicanor tiene solución. Con que yo firme este documento, saldrá libre hoy mismo.

El principal cargo en contra de Nicanor era extorsión y coerción comercial; con ese documento, la pena se reduciría drásticamente.

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