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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 6

Al escuchar que cada palabra de su madre giraba en torno a Ofelia, Vera sintió como si una enorme piedra le aplastara el pecho; sin embargo, por fuera seguía escuchando sin que se le notara nada.

—Hace un rato en la sala no quise hacer enojar a Ofelia. En el fondo me di cuenta de que ella estaba cediendo terreno, pero no quiero que se sienta tan reprimida.

»Me siento muy culpable con ella. Si en su momento no me hubiera empeñado en irme de viaje en la última etapa de mi embarazo, ella no habría tenido que nacer prematuramente lejos de casa. Si no le agradas, irte será lo mejor para ti, así no tendrás que sufrir agravios. Será lo mejor para ambas.

"Vera jugaba con su celular con un aire de total indiferencia. Decía que era lo mejor para ambas, pero entre líneas, todo lo hacía por Ofelia.

Nunca se imaginó que tras volver a casa llena de esperanzas y expectativas, lo que le esperaba era quedarse sin hogar.

—Entonces, ¿espera que me vaya? —Vera bajó la mirada para ocultar sus emociones.

Mientras hubiera aunque fuera un asomo de duda en su madre, ella podría autoconvencerse de que el amor de su madre hacia ella también dejaba un rastro.

De ser así, por supuesto que no le pondría las cosas difíciles a la familia Ayala; no complicaría a sus padres.

—Sí. Has estado seis años en el extranjero, allá es a donde estás acostumbrada —Pandora pensaba que aquello era por el bien de ambas—. Coopera con el abogado y devuélvele las acciones a Ofelia lo antes posible; ese regalo desde siempre debió haberle pertenecido a ella.

Vera curvó los labios, escondiendo su decepción detrás de una risa leve. Su rostro mostró una inalcanzable distancia y frialdad.

—Entendido.

Pandora se retiró aliviada, mientras Vera calculaba las cosas en su mente.

Sin embargo, poco tiempo después, Ofelia apareció en la puerta.

—¿Se duerme cómodo en el cuarto de servicio?

Vera la miró con una sonrisa plácida; su tono, por el contrario, era inmensamente altanero.

—¿Se te ofrece algo?

—Patricio me dijo que va a discutir el tema del matrimonio con la familia Ayala. Tú también vas a ir —dijo Ofelia con asco. Simplemente no soportaba la actitud pretenciosa de Vera.

Sin la familia Ayala respaldándola, ¿quién se creía que era?

—No voy a ir. Ese asunto no tiene nada que ver conmigo.

Ya había terminado su relación con Patricio; los asuntos que él tuviera con los Ayala no valían ni un segundo de su tiempo.

—¿Acaso crees que evitando ver a Patricio vas a salvar tu noviazgo y el matrimonio? Sigue soñando despierta.

Ofelia la miró con ínfulas de superioridad, intentando aplastar el aura imponente de Vera.

—Si de verdad no quieres ir, no me importaría llamar a mamá otra vez.

Vera entornó los ojos, sin saber exactamente qué maquinaba Ofelia.

Pensándolo bien, decidió aceptar.

Al escucharla, Patricio cruzó las piernas y soltó una carcajada despectiva.

—¿Sentimientos? Era una simple alianza matrimonial entre familias, aquí nunca hubo nada de esos "sentimientos".

Las miradas llenas de burla de todos los presentes cayeron sobre Vera, pero ella se limitó a arquear una ceja y sonreír.

—¿O me vas a decir que estabas profundamente enamorado de mí? —Patricio la observó y curvó los labios—. Aunque ya no seas la señorita de la familia Ayala, si tanto me amas... tampoco me costaría mucho tener a una más a mi lado para mantenerla.

Esas palabras, que rayaban en el más absoluto insulto, hicieron que todos en el salón privado estallaran en carcajadas.

La única excepción era un hombre sentado en el rincón más oscuro del salón. Hacía girar un costoso anillo de sello en su dedo, y todo en él desprendía un aura tan fría que parecía no importarle nada de lo que pasaba a su alrededor.

Vera se rio a carcajadas.

—Estuve seis años en el extranjero y nunca llegué al extremo de necesitar que tú me mantuvieras. ¿Qué te hace pensar que lo necesito ahora? —Tras decir esto, se volvió hacia Ofelia con su típica sonrisa—. ¿Ya lograste tu cometido? ¿Estás feliz?

Una vez dicho eso, e ignorando la expresión contorsionada de Ofelia, Vera se dio la media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida con una postura completamente segura y elegante.

Al ver que ella no mostraba ni la más mínima tristeza o dolor, la mirada de Patricio se volvió hostil.

—¿Acaso dije que podías irte?

—Ya que quieres que cortemos todos los lazos, ¿no deberías devolverme todo lo que te he dado?

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