—No te preocupes por el asunto de la propina, ya fue procesada a través de las cuentas corporativas como ingresos del restaurante.
Después de decir eso, Hugo tosió un par de veces.
Vera lo miró con atención.
—¿Estás resfriado?
—No creo.
Hugo se frotó la nariz, que le picaba un poco. El asistente especial, sentado en el asiento del copiloto, no pudo contenerse.
—Ayer el jefe estuvo trabajando hasta la madrugada. Apenas había dormido un par de horas cuando se enteró de que la Señorita Ayala había sido llevada a la comisaría, y vino de inmediato.
Luego añadió sin pudor:
—Ni siquiera ha desayunado.
Hugo se llevó el puño a la boca y volvió a toser un par de veces, frunciendo el ceño.
—Hablas demasiado.
El asistente cerró la boca obedientemente. Vera lo miró con genuina gratitud y, tras pensarlo un segundo, le dijo al chofer:
—Por favor, llévenos directamente al departamento que tiene el Señor Heredia en el centro.
El chofer miró por el espejo retrovisor, buscando la aprobación de Hugo.
El asistente le hizo una seña rápida con los ojos, y el chofer entendió de inmediato, cambiando la ruta.
Aunque el departamento era suyo, el hecho de ser llevado allí por Vera llenó a Hugo de un secreto regocijo.
Se sentó en el sofá, tan rígido y bien portado como si fuera un invitado. Vera desapareció en la cocina y, tras un rato de trajín, salió con una olla humeante de un caldo reparador.
—Por suerte, hace un par de días pedí que trajeran unas hierbas medicinales. Todavía no estás enfermo del todo, con un poco de medicina natural y algo caliente, estarás como nuevo.
Al verla, Hugo se levantó de un salto.
—Yo lo llevo.
La olla de barro pesaba bastante y, temiendo que ella se quemara, Hugo prácticamente se la quitó de las manos al instante.
Vera se recargó en la barra de la cocina, esbozando una sonrisa luminosa.
—Los dos herederos de la familia Heredia no podrían ser más diferentes.
Recordaba cuando Patricio Heredia la visitó en el extranjero. En aquel entonces, ella apenas estaba aprendiendo a cocinar y moría de ganas por que él probara sus platillos.


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