Lola caminaba por el pasillo, a punto de salir del hotel. Recordó su situación actual, pero tuvo algo seguro, no iba a ser siempre una mujer traicionada.
—En un mes...
Una sonrisa fría apareció en sus labios.
—En un mes podré alejarme de Darius para siempre, Darius.
En su mente planeó separar las cuentas bancarias, y llevarse todo lo que era suyo en ese falso matrimonio, su mente ya estaba pensando como liberarse.
—Pero antes...
Sus ojos se endurecieron.
—Antes voy a convertir tu vida y la de Chantal en un auténtico infierno.
No pensaba hacerles daño físicamente, no era esa clase de mujer.
Pero sí iba a destruir todas las mentiras con las que ambos habían jugado durante tanto tiempo.
De pronto recordó exactamente dónde se encontraban Darius y Chantal.
Estaban en ese mismos hotel.
En la suite presidencial, celebrando su amor barato.
Una idea comenzó a tomar forma en su mente.
—Les daré un susto que jamás olvidarán.
Con paso decidido recorrió el largo pasillo del hotel.
***
Mientras tanto, en la lujosa suite presidencial, el ambiente era completamente distinto.
Darius acababa de levantarse de la cama.
Tomó una bata de seda oscura y se la colocó con tranquilidad.
A pocos metros de él, Chantal también abandonó las sábanas.
Solo llevaba puesto un delicado baby doll de encaje que apenas cubría su figura.
Se acercó por detrás y rodeó la cintura de Darius con ambos brazos.
Apoyó la cabeza sobre su espalda.
—Cariño...
Él giró ligeramente.
—¿Qué sucede?
Ella levantó la vista con una expresión dulce.
—¿Por qué no nos quedamos aquí unos días más?
Darius acarició distraídamente uno de sus brazos.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque hoy debo reunirme con Lola.
Chantal frunció ligeramente el ceño.
—Siempre es Lola...
Darius sonrió con paciencia.
—No empieces otra vez.
Ella bajó la mirada.
Él levantó suavemente su barbilla.
—No intentes competir con ella.
Aquellas palabras atravesaron el corazón de Chantal.
—Sabes perfectamente que Lola sigue siendo el gran amor de mi vida.
En ese preciso instante llamaron a la puerta de la suite.
—Debe ser el desayuno.
Darius asintió.
—Seguramente.
Caminó hasta la puerta sin sospechar absolutamente nada.
Abrió con total tranquilidad.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós ex, lo elijo a él