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¡Adiós! MI ESPOSO SIN DESEO romance Capítulo 747

En la penumbra de la habitación, la mano áspera de un hombre recorría cada centímetro de la piel de una mujer. Se inclinó y la besó lentamente, sus labios rozando su frente, sus ojos, sus labios, sus orejas, y descendiendo por el contorno de su cuello.

La mujer arqueó el cuello, acercándose más al cuerpo del hombre. Pero a pesar de la cercanía, sentía un vacío inexplicable, un deseo de estar aún más pegada a él.

Yolanda abrió los ojos. Lo primero que vio fue el techo, apenas visible en la oscuridad. Su mente todavía estaba atrapada en el clímax insatisfecho de aquel encuentro, incapaz de distinguir el sueño de la realidad.

La habitación, a las cuatro o cinco de la madrugada, estaba en un silencio absoluto. El viento mecía suavemente las cortinas blancas detrás de la puerta de cristal.

Miró a Iker, que dormía a su lado, se dio la vuelta y, sin dudarlo, comenzó a desabrocharle los botones del pijama.

El movimiento despertó a Iker. Aún medio dormido, entreabrió los ojos y se encontró con el rostro deslumbrante de la mujer.

Llevaba un vestido negro de tirantes, y sus largos cabellos ondulados caían sobre su escote, dejando entrever su piel.

Al verla, Iker se despabiló por completo. La sujetó bruscamente por la muñeca que se movía con demasiada libertad y le preguntó con voz gélida:

—¿Qué locura te ha dado a estas horas de la noche?

Yolanda entrecerró sus hermosos ojos de zorro. Sonreía, pero su sonrisa era fría y distante, como si nada en el mundo le importara.

—¿No es obvio?

—...Quítate de encima —masculló Iker entre dientes.

La mujer se inclinó sobre él, deslizando su mano desde abajo hacia arriba.

—Es tu deber como esposo. Si no tienes fuerzas, cállate y quédate quieto.

Pocos hombres soportarían semejante provocación.

En un instante, el mundo de Yolanda giró y se encontró debajo de Iker. El hombre la miró a los ojos, soltó una palabrota en voz baja, y lo que siguió fue un torbellino del que no pudo escapar...

Cuando todo terminó, Iker fue directamente a ducharse. Para cuando salió, Yolanda ya estaba vestida y sentada en el sofá, con un documento sobre la mesita de centro.

El hombre se vistió delante de ella, sin dirigirle ni una mirada, como si fuera invisible, y se dirigió a la puerta.

—Fírmalo —dijo Yolanda.

Iker frunció el ceño, una mueca de fastidio cruzó su rostro impasible.

—¿Firmar qué?

—El acuerdo de divorcio.

—¿Divorcio? —Iker se detuvo en seco, una sonrisa helada se dibujó en sus labios—. ¿Y lo de hace un rato, qué fue?

—Tuve un sueño, me entraron ganas y justo estabas ahí.

Si había alguien en la Capital que supiera cómo sacar de quicio a la gente, Yolanda era la número uno, sin competencia.

Iker, con el rostro contraído por la ira, volvió sobre sus pasos y se plantó frente a ella. Tomó el acuerdo de divorcio de la mesa.

—Yolanda, los juegos de seducción solo funcionan con hombres que están interesados en ti. ¿Quién fue la que hizo lo imposible por casarse conmigo? ¿No decías que mientras vivieras, el puesto de señora Sánchez sería solo tuyo? ¿Y ahora, después de solo dos años, ya no aguantas y quieres cedérselo a otra?

Se calló de repente.

Yolanda sabía por qué. En el acuerdo, ella ya había firmado. Solo faltaba que él pusiera su nombre para poder ir a oficializarlo.

—Sí, ya no aguanto —dijo la mujer con indiferencia, sin mostrar ni una pizca de tristeza—. Hoy tengo tiempo libre, podemos ir a firmar. Las próximas dos semanas estaré muy ocupada.

Levantó la mano y le mostró la hora en su reloj.

—Si vamos ahora, quizás seamos la primera pareja del día.

Dicho esto, bajó las escaleras.

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