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Ahora sí me quiere romance Capítulo 7

Vicente se fue de viaje de negocios de improviso, por lo que no pudieron tramitar el divorcio, pero Lina no perdió el tiempo.

Alquiló un pequeño departamento amueblado.

Al mismo tiempo, envió su currículum a varias empresas.

Después de todo, se había graduado con honores de la misma universidad que Vicente, donde, de hecho, se habían conocido.

Sin embargo, se casó justo después de graduarse, por lo que, a pesar de sus excelentes calificaciones, carecía de experiencia laboral. No estaba segura de que alguna empresa quisiera contratarla.

Para su sorpresa, recibió una llamada.

Tecnología Prisma, una empresa de tecnología que había crecido considerablemente en los últimos años.

—Señor Vargas, mucho gusto. Soy Lina, yo…

—Lo sé. Si no me equivoco, usted es la señora Navarro, ¿verdad?

Lina se quedó sin palabras, mirando fijamente al hombre sentado en el sillón de director. Era joven, de unos treinta y tantos años, con un aspecto afable, lentes de armazón dorado y una sonrisa en los labios.

No supo cómo responder y se quedó en silencio.

Alberto Vargas se levantó y le indicó el sofá.

—No se preocupe, siéntese y hablemos.

—Gracias.

—Señora Navarro, ¿el señor Navarro sabe que está buscando trabajo?

Lina aceptó el vaso de agua que Alberto le ofrecía.

—Gracias. Nos vamos a divorciar, así que pronto dejaré de ser la señora Navarro. Puede llamarme por mi nombre, señor Vargas.

Alberto la observó detenidamente por un momento antes de responder con un tono de disculpa.

—Lo siento, no estaba al tanto de la noticia.

Lina negó con la cabeza.

—No se preocupe, aún no se ha hecho público. Es normal que no lo supiera.

Seguramente Vicente esperaría a que el divorcio fuera definitivo para anunciarlo oficialmente.

—Disculpe mi atrevimiento, pero incluso si se divorcia del señor Navarro, no creo que le falte el dinero. ¿Por qué querría trabajar en una pequeña empresa como la nuestra?

Lina sabía que, dada su situación, si no aclaraba ciertas cosas, nadie se arriesgaría a contratarla.

—Señor Vargas, le agradezco mucho la oportunidad, pero me temo que no podré con todo. Además, tengo una niña pequeña…

Antes de que pudiera terminar de rechazar la oferta, su celular sonó.

—Disculpe, ¿puedo contestar? —preguntó, apenada.

Alberto sonrió y le hizo un gesto para que procediera.

Lina asintió, se giró un poco y contestó la llamada.

—¿Hola?

—Señorita Pérez, le llamo del hospital. Las cuotas de su hermano Ismael están vencidas. ¿Cuándo podrá pasar a pagarlas?

El rostro de Lina cambió. Apretó el celular con fuerza.

Pasaron diez largos segundos antes de que pudiera responder.

—De acuerdo, entiendo. Iré al hospital a pagar lo antes posible. Gracias por avisarme.

Tras colgar, Lina se quedó con la cabeza gacha, en silencio.

***

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