Alberto le pidió a su chofer que la llevara a casa primero. Antes de bajar del carro, Lina le agradeció de nuevo y entró en el complejo de departamentos.
Alberto observó la silueta de Lina hasta que desapareció y entonces desvió la mirada.
—Vámonos.
El chofer, mirando por el retrovisor, preguntó:
—Señor Vargas, la identidad de esa mujer es un tanto delicada. ¿No cree que tenerla cerca podría traerle problemas?
Alberto, recostado en el asiento con los ojos cerrados, tamborileaba suavemente con los dedos sobre sus rodillas.
La noche parecía haber transcurrido sin incidentes, pero si se observaba con atención, se podían percibir matices diferentes.
—No necesariamente será un problema.
En un club privado, tan pronto como los dos hombres entraron, un grupo de amigos los rodeó, hablando todos a la vez.
—¿Es en serio? ¿Esa mujer, Lina, por fin se largó?
—¡Les dije que no aguantaría! Vicho no le ha dado una buena cara en cinco años, y ni siquiera quiere a la niña. ¡Era imposible que soportara eso para siempre!
—Sea como sea, es una gran noticia. ¡Vamos, Vicente, brindemos por ti! ¡Por haberte librado por fin de esa mujer malvada!
Los ojos de Tania brillaron. También ella miraba fijamente a Vicente, esperando que lo confirmara de viva voz.
Llevaba mucho, mucho tiempo esperando ese día…
—Vicho, ¿es verdad lo que dicen? ¿Tú y Lina realmente se van a separar? ¿De verdad se fue de casa con la niña?
Todos esperaban la respuesta de Vicente, pero su expresión era tan serena que era imposible adivinar lo que sentía.
Se sentó, encendió un cigarrillo, y después de darle una calada y soltar una bocanada de humo, miró a Regino.
—Está diciendo tonterías.
Todos se quedaron perplejos.
—¿Qué quieres decir?
—¿O sea que nos alegramos para nada?
Regino miró a Vicente con complicidad y luego sonrió.
—Estaba bromeando, ¿no se dieron cuenta?
—¿Bromeando? Y nosotros que pensábamos que era verdad, que íbamos a celebrar por Vicho…
—Yo sabía que esa mujer no se rendiría tan fácil. Después de todo lo que hizo para atrapar a Vicho y convertirse en la señora Navarro, ¿cómo iba a soltarlo así como si nada?
—Luis, disculpa que te moleste…
Luis sabía perfectamente por qué Lina lo llamaba, sobre todo después de haberse encontrado en el hotel esa misma noche.
—Señora, con todo respeto, el divorcio es un asunto privado entre usted y el señor Navarro. Yo solo soy su asistente.
Lina apretó el celular.
—Pero no puedo contactarlo. Por eso te pido este favor.
—…
Luis miró al hombre en el asiento trasero por el retrovisor, sin saber qué decir.
Llevaban media hora fuera del club y el celular del señor Navarro no había sonado ni una sola vez.
En ese momento, Vicente finalmente abrió los ojos. Recordó la forma en que ella lo había evitado esa noche y su expresión se endureció.
—Luis, de ahora en adelante, no contestes llamadas sin importancia.
Luis estaba seguro de que la persona al otro lado de la línea había escuchado perfectamente esa frase.
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