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AMANTE CONTRATADA DEL ALFA: ¡HUYÓ CON SUS CACHORROS! romance Capítulo 106

C106- SER RECLAMADA UNA VEZ MÁS.

—Mía —gruñó Gideon contra sus labios, y con un movimiento brusco desgarró la tela del traje de baño, exponiendo sus senos al aire frío de la habitación y Elizabeth emitió un gemido ahogado que él se bebió de su boca, pero sus manos no se quedaron quietas, con dedos temblorosos pero decididos, se abalanzaron sobre sus pantalones mojados.

—Y tú solo mío —murmuró ella, posesiva, contra sus labios mientras tiraba de la prenda hacia abajo—. Nunca lo olvides.

Su mano encontró lo que buscaba y Gideon contuvo el aliento cuando sus dedos se cerraron alrededor de su pene. Era tan larga y gruesa que apenas le rodeaba el grosor con los dedos, una columna de carne ardiente, venosa y palpitante, ya humedecida por el precum.

Elizabeth la masajeó con firmeza, de la base a la punta, en un movimiento que era a la vez un castigo y una reivindicación. Gideon la soltó solo para empujarla contra la puerta con todo el peso de su cuerpo y atrapó sus manos entrelazando sus dedos y clavándolas sobre la madera, a los lados de su cabeza. Su frente se apoyó contra la de Elizabeth y sus alientos se mezclaron, ásperos y calientes.

—Vas a gritar mi nombre hasta que se te olvide el de cualquier otro hombre —susurró con una voz ronca, cargada de una promesa que resonó en cada partícula de aire entre ellos—. Es una promesa.

El beso que siguió fue un choque de dientes y lenguas, una lucha feroz por el dominio con sabor a sal y a desafío, uno que Gideon respondió con la misma ferocidad, enredó una mano en su moño deshecho, tirando con la justeza necesaria para exponer la línea elegante de su cuello y la otra mano recorrió su espalda, descendiendo sin prisa y se cerró con fuerza sobre una nalga, apretando la carne con un gruñido de aprobación.

El gemido de ella fue ahogado por su boca.

Rompió el beso, jadeando y sus ojos oscuros, casi negros de lujuria, recorrieron su cuerpo desnudo y expuesto de su hembra y un segundo después, un jadeo de sorpresa de Elizabeth se transformó en un gemido largo y tembloroso cuando su boca descendió sobre un pezón, chupando y mordisqueando con una mezcla de devoción y brutalidad que la hizo arquearse contra la puerta.

—Gideon… —suplicó, pero era una súplica vacía, sin convicción.

—Shhh —murmuró él contra su piel—. Solo siente.

Su mano descendió, encontrándola empapada y más que lista.

—Mía —repitió contra su piel, al mismo tiempo que sus dedos exploraban su calor—. Todo esto, mío.

Ella gimió, arqueándose sin pudor contra su mano.

—¡Sí! ¡Sí, tuyo!

Y mientras su boca continuaba su asalto a sus senos, sus dedos comenzaron a trabajar dentro de ella. Dos, luego tres, y finalmente cuatro, llenándola con una presión implacable que hacía que el placer ascendiera en un crescendo innegable.

Elizabeth cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, soltando un suspiro de:

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