C109-ÚSAME.
El ruido del club fue quedando atrás mientras Sofía lo ayudaba a caminar por el pasillo que conducía a la salida lateral. Draxel no estaba ebrio al punto de perder la conciencia, pero sí lo suficiente como para que su andar fuera torpe.
Afuera, el aire nocturno era un golpe fresco que contrastaba con el calor sofocante del club. Sofía levantó la mano y llamó un taxi, mientras él se dejaba caer en el asiento trasero como un hombre derrotado y ella entró a su lado, cerrando la puerta con decisión.
Draxel apoyó el codo contra la ventanilla y se cubrió los ojos con la mano. Su respiración era pesada, como si cada inhalación le doliera.
—No debiste sacarme de ahí —murmuró con voz ronca.
Sofía lo miró con firmeza, aunque por dentro estaba temblando.
—No iba a dejarte hundirte más, Draxel.
Él bajó la mano lentamente y la miró. Y en sus ojos ella vio dolor, rabia y algo más: un vacío profundo que amenazaba con tragárselo.
—¿Por qué? —preguntó, con un hilo de voz—. ¿Por qué te importa tanto?
Sofía tragó saliva, consciente de que esa era su oportunidad de ser brutalmente honesta, aunque significara exponerse por completo.
—Porque siempre me has importado. Desde hace años. —Sus dedos se apretaron sobre el asiento, temiendo que la rechazara—. Aunque nunca me hayas visto.
Draxel la observó como si esas palabras fueran un idioma extraño y sin querer una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.
—Eso es lo peor… Que siempre hay alguien dispuesto a darlo todo por mí, y yo... sigo deseando lo que nunca será mío.
Finalmente el taxi se detuvo frente al edificio y Sofía pagó, casi sin pensarlo, y lo guio hasta el ascensor. Él la dejó hacer, como un hombre rendido, pero cuando llegaron al departamento y la puerta se cerró, sus ojos volvieron a arder.
—Esto está mal… —susurró, acorralándola sin querer contra la pared—. Eres la hermana de mi mejor amigo… y yo estoy roto. No soy yo.
Sofía sostuvo su mirada, respirando rápido, consciente de la línea que estaban a punto de cruzar.
—Lo sé. Sé que esta no es la forma, pero no me importa. —Sus dedos rozaron la piel de su rostro—. No quiero ser tu consuelo por una noche… pero si eso es lo que necesitas para sobrevivir, lo acepto.
Draxel cerró los ojos y apoyó la frente contra la suya.
—No me mereces esto, Sofía. Te estoy usando.
—Entonces úsame —respondió ella, con una firmeza inesperada—. Pero no me apartes.
El silencio se volvió insoportable, cargado de tensión y de repente Draxel, con un gruñido bajo, la besó, con una mezcla de desesperación y necesidad. No era ternura lo que lo movía, era el deseo urgente de olvidar. Y Sofía se dejó consumir, consciente de que, aunque ese beso no nacía del amor que ella soñaba, era lo más cerca que estaría de él.
Con un movimiento fluido, la levantó en sus brazos y ella enlazó sus piernas alrededor de su cintura, enterrando los dedos en su pelo oscuro mientras se dejaba llevar por el pasillo. La habitación a la que entraron era austera y masculina: paredes de un gris oscuro, una cama ancha con ropa de cama negra, y el olor limpio de su colonia mezclado con algo inherentemente suyo.
Rompió el beso para descender por su cuello, saboreando la piel suave que olía a vainilla.
—Eres preciosa… —murmuró contra su piel, mordiendo con suavidad la curva donde el hombro se encuentra con el cuello.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: AMANTE CONTRATADA DEL ALFA: ¡HUYÓ CON SUS CACHORROS!