C110- SOLO TUYA... SIEMPRE.
Draxel se apartó de ella con los labios brillantes y húmedos por su orgasmo y comenzó a quitarse la ropa sin dejar de mirarla, sus ojos violeta brillando con una intensidad que hacía que el aire se volviera espeso. Cada prenda que caía al suelo revelaba más de su cuerpo: pectorales duros, un abdomen marcado, una piel dura y masculina.
Sofía lo observaba, tendida sobre las sábanas negras y una mezcla de excitación y nerviosismo le retorció el estómago.
Porque esto era real. Iba a ocurrir. Con él. Con el hombre del que había estado enamorada desde que tenía uso de razón, el mismo que siempre la había tratado como a una hermana pequeña hasta esta noche.
Finalmente desnudo y con su erección imposible de ignorar: larga, gruesa, con venas prominentes que latían con un ritmo propio. Se colocó de pie junto a la cama, frente a ella y su mirada era una orden.
—Ahora tú —dijo, con un susurro ronco—. Muéstrame lo que quieres hacer.
Sofía, con un valor que le nació de las entrañas, se incorporó. Sus manos temblaban pero se cerraron alrededor de su miembro y estaba increíblemente caliente y duro. Lo observó, fascinada, antes de inclinarse y pasar la lengua por la punta, saboreando la gota de líquido salado que había allí.
Draxel gruñó y echó la cabeza hacia atrás, las venas de su cuello sobresaliendo, al mismo tiempo que sus músculos abdominales se tensaban.
—Así no, princesa —murmuró, y enredó una mano en su cabello rubio con una firmeza posesiva—. Así.
Guió su cabeza hacia él, empujando con suavidad pero sin dar opción a rechazo y Sofía obedeció y abrió la boca lo máximo que pudo, pero aún así fue una lucha. La cabeza de su pene golpeó su paladar antes de deslizarse más profundamente y pronto las lágrimas mojaron sus ojos y una oleada de excitación perversa la recorrió.
Porque la sensación de estar siendo usada así, de complacerlo de una manera tan íntima y cruda, era abrumadora.
Sentía la textura de sus venas contra sus labios, el peso de él en su lengua, cada gruñido gutural que él emitía cuando llegaba hasta el fondo. Todo eso hizo que su propio cuerpo respondiera y una nueva humedad brotara entre sus piernas.
Emitía sonidos ahogados, entrecortados, cada vez que él se retiraba solo para volver a empujar, estableciendo un ritmo que la mareaba.
—Maldita sea... esa boquita... —jadeó Draxel—. Tan caliente y apretada.
Su ritmo se aceleró y las embestidas se volvieron más cortas y profundas.
—Vas a ser mi ruina, princesa... solo tú.
Y justo cuando Sofía sentía que el orgasmo de él estaba cerca, Draxel se retiró bruscamente de su boca. Jadeando y con todo el cuerpo en tensión, pero mirándola con una ferocidad que hizo que el corazón se le acelerara. Su boca estaba hinchada y enrojecida, y al verla así, un nuevo gruñido vibró en el pecho del alfa.
La atrajo hacia sí y la besó con una furia posesiva, saboreando su propio sabor en sus labios y cayó con ella sobre la cama y Sofía supo que lo único que había terminado era la espera.
Porque Draxel la besaba con una urgencia mientras sus manos recorrían cada centímetro de su cuerpo virginal con una devoción que la hizo estremecer. Sus dedos y su boca trazaron un camino ardiente por su piel, explorando, preparándola, hasta que se volvió solo jadeos y se arqueaba bajo su tacto, suplicando sin palabras por algo más.

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