C11-¿QUIERES REPETIRME LO QUE LE DIJISTE A MI HERMANA?
Melinda no entendió completamente lo que quería decir, pero algo en su interior le dijo que no era bueno.
¿Qué significaba eso?
El desconcierto la paralizó por un momento, pero su enojo fue más fuerte y también más rápido. Y en un impulso irracional, le dio un puntapié.
—¡Ahhh! ¡Mocosa del diablo! ¡¿Cómo te atreves?!
La niña dio un paso atrás, temblando, pero decidida a defender lo que más amaba.
—¡Es mentira! ¡Usted es una bruja mentirosa!
Narissa se acercó sonriendo con maldad.
—La verdad duele y tú seguirás el mismo camino. ¡Serás una prostituta igual que tu hermana!
Los labios de Melinda temblaron y su corazón parecía que fuera a estallar; esas palabras daban vueltas en su cabeza. Quería defender a su hermana, pero ella le había pedido que no se metiera en problemas y lo único que podía hacer ahora era correr.
Soltó las flores que había recogido y comenzó a correr.
«Mi hermana no es eso... mi hermana no es eso... » Se repitió una y otra vez mientras esquivaba los árboles y las piedras del camino.
De repente, tropezó con algo. O más bien, alguien. Era Zander.
—Hola, pequeña —dijo, preocupado mientras se agachaba para intentar levantarla—. ¿Por qué tan apurada?
Melinda se secó las lágrimas con el dorso de la mano y, sin mirarlo, comenzó a limpiar la tierra y empezó a correr de nuevo.
Zander observó cómo se alejaba. Su mirada pasó de la niña a Narissa, que ahora se había detenido a observar la escena.
—¿Qué le dijiste?
Narissa se encogió de hombros, como si no le importara en absoluto.
—Solo le dije la verdad.
Zander la miró, furioso, y su mirada se clavó en ella con intensidad.
—Si te vuelves a meter con esa niña, te las verás conmigo.
—¿Y qué me vas a hacer? —se burló Narissa, soltando una risa despectiva y cruzándose de brazos—. Se te olvida quién soy, Zander. Por favor, estoy por encima de ti. Tú solo eres… el hermano del alfa.
Narissa lo miró con desdén antes de alejarse, y Zander apretó los puños con la rabia hirviendo dentro de él.
—Eres tan fea, que hasta las plantas te huyen —murmuró.

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