C111-VOY A SEGUIRTE SIEMPRE Y PARA SIEMPRE... PORQUE TE AMO.
El amanecer se filtraba a través de las cortinas de la habitación y Draxel estaba sentado al borde de la cama, con la cabeza entre las manos y el torso inclinado hacia adelante. Su respiración era pesada y cada inhalación iba cargada de culpa.
Sofía yacía aún bajo las sábanas, mirándolo en silencio, con los ojos abiertos y el cabello despeinado cayendo sobre su rostro, pero él no se atrevía a girarse. Sus nudillos estaban blancos de tanto apretar sus puños.
—Soy un maldito imbécil —escupió finalmente—. Rowan me va a matar. Y lo peor… es que debería hacerlo.
Sofía se incorporó despacio, sosteniendo la sábana contra su pecho y su expresión no tenía vergüenza ni arrepentimiento.
—No digas eso.
Draxel se giró con los ojos rojos y el ceño fruncido.
—¿No lo entiendes, Sofía? Traicioné a mi hermano.. ¿Cómo le miro a la cara ahora? ¿Cómo pretendo que siga confiando en mí? ¡Eres su hermana, joder!
Ella lo sostuvo con una serenidad inesperada.
—Yo no soy una niña, Draxel, tomé mi decisión anoche. Y no me arrepiento.
Él negó con violencia, levantándose de golpe y llevándose una mano al cabello.
—No puedes decir eso. No puedes. Yo... estaba roto, estaba fuera de mí. Te usé para olvidar, ¿y tú quieres justificarlo con amor?
Las palabras salieron como un látigo, pero Sofía no retrocedió, en cambio salió de la cama y caminó hacia él, mostrando que no tenía nada de qué avergonzarse.
—¿Amor? —dijo con voz baja y segura—. Sí, Draxel. Siempre te he amado. Aunque no me miraras, aunque me vieras solo como “la hermana de Rowan”. Anoche no fuiste tú el único que se entregó… yo también lo hice.
Draxel se quedó sin palabras y su respiración se agitó al verla tan cerca, tan segura, tragó saliva, luchando contra el torbellino en su interior.
—Si Rowan lo sabe… se acabó la amistad. ¿Entiendes eso? Todo lo que hemos construido, todo lo que hemos vivido, se derrumbará.
—No soy propiedad de nadie, ni siquiera de mi hermano. Yo decido con quién estar, y lo he decidido contigo.
Las palabras lo atravesaron como un puñal, pero retrocedió un paso, nervioso, pero Sofía lo siguió, acorralándolo contra la pared y su movimiento no fue torpe ni inocente, fue sensual, decidido, lejos de ser la niña de hace unas horas.
Sus labios quedaron a un suspiro de los de él.
—¿Acaso no te gusto? —murmuró, rozando su boca con la suya.
Draxel gimió bajo, soltando un sonido gutural que se le escapó antes de poder contenerlo y cerró los ojos.
—¿Cómo me preguntas eso, Sofía? —susurró—. Maldita sea…
Ella sonrió, saboreando su reacción, y rodeó su cuello con los brazos, acariciando la piel de su nuca.
—Entonces solo… deja que suceda.
Draxel no respondió, pero su resistencia se quebró cuando ella lo besó.
El beso fue profundo, ardiente, y lo consumió por completo, tanto que la sujetó de la cintura y la alzó sin esfuerzo, llevándola hacia la cama y cuando la depositó sobre las sábanas, ya no quedaba rastro del hombre quebrado de antes.
Ahora solo había un lobo que ardía por ella. Y en ese choque de labios, piel y deseo, Draxel comprendió que ya no había vuelta atrás.

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