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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 191

Antonio esperaba en la entrada del complejo residencial.

Al ver a Enzo llegar con Simona, sus pupilas se contrajeron ligeramente.

Una sola mirada de Enzo bastó para que Antonio desviara la vista a toda prisa y recuperara una expresión neutral.

Simona se los presentó.

—Este es un amigo mío.

Antonio asintió hacia Enzo por pura cortesía y fue directo al grano.

—La persona que buscamos se llama Gabriel Monteverde.

«¿Gabriel?».

Simona frunció el ceño. ¿No era el hermano de Daniela?

—¿Estás seguro de que es él?

A Simona le costaba creerlo. Apenas unos días atrás habían tenido un altercado en el aniversario de la escuela.

—Totalmente. Estudié con lupa las grabaciones de las calles cercanas el día del accidente y lo vi cerca de la escena del crimen. Investigué más a fondo y confirmé que era él.

Al notar la expresión atribulada de Simona, Enzo no pudo evitar preguntar:

—¿Lo conoces?

—Sí, es el hermano de Daniela. Fue él quien armó el escándalo en el aniversario.

Enzo estaba al tanto de lo ocurrido en la escuela, así que la explicación de Simona fue suficiente.

Asintió y le dio una palmada en el hombro.

—No te preocupes. Vamos.

Su voz sonaba tan segura y serena que Simona sintió una oleada de tranquilidad.

***

Antonio los guio hasta el edificio más alejado de la entrada. Subieron a pie hasta el séptimo piso.

Hacía mucho que Simona no subía tantas escaleras; al llegar arriba, las piernas le temblaban un poco.

Jadeaba, con la cara completamente sonrojada y una fina capa de sudor en la frente.

Enzo la vio y enarcó una ceja con una sonrisa burlona.

—Oye, señorita, deberías hacer más ejercicio.

Tocó varias veces hasta que una voz masculina y demacrada respondió desde el interior.

—¿Quién?

Arrastraba las palabras, pero con un deje agudo, como si hubiera bebido.

Antes de que Simona pudiera procesarlo, la puerta se abrió.

El hombre abrió sin esperar respuesta. Al ver a Simona, sus ojos se abrieron como platos y pareció recuperar la sobriedad en un instante. Su siguiente movimiento fue intentar cerrar la puerta.

Enzo apoyó una mano en el marco y Gabriel ya no pudo moverla.

—¿Hablamos?

—¡No tengo nada que hablar con ustedes! ¡Lárguense de aquí o los voy a denunciar por allanamiento de morada! —gritó Gabriel, nervioso.

Simona lo miró con el ceño fruncido.

—Solo queremos hablar contigo, no hacerte daño. ¿Por qué te pones tan nervioso?

Para entonces, a Gabriel se le había pasado la mayor parte de la borrachera.

Viendo que no podía cerrar la puerta y que los tres insistían, guardó silencio un par de segundos y finalmente los dejó pasar.

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