Gabriel se quedó helado, mirando a Simona.
Ella continuó:
—Me contó que todos los dulces, juguetes y ropa que tus papás te daban solo a ti, tú siempre buscabas la manera de compartir un poco con ella. Y que cuando entraste a la universidad, trabajabas y estudiabas para darle dinero a escondidas.
>>Pero lo que no sabías es que cuando tus papás se daban cuenta de que compartías tus cosas con ella, la insultaban y hasta la golpeaban a escondidas. Por eso intentó suicidarse cuando la obligaron a dejar la escuela. Sentía que nunca podría escapar de su control.
Gabriel se quedó paralizado, asimilando las palabras de Simona.
—Para ti, esos dos en el hospital son tus padres. Pero para Daniela, no lo eran.
No había pagado las cuentas por los padres de Daniela, sino por su hermano.
Si Daniela estuviera viva, seguramente no le gustaría ver a Gabriel en ese estado.
A Gabriel se le llenaron los ojos de lágrimas. Se giró para mirar la foto de Daniela en la pared, con el cuerpo temblando sin control.
Simona, con el rostro impasible, añadió con voz neutra:
—Te cuento todo esto solo para que dejes de usar el nombre de Daniela para hacer cosas malas, ni siquiera por una supuesta lealtad filial. Ella vivió siendo una carga para tu familia. Ahora que está muerta, dejen de usarla.
***
Al salir de casa de Gabriel, Simona se ofreció a pagarle un extra a Antonio.
Después de todo, había viajado hasta tan lejos para ayudarla a encontrar pistas, y no era justo que corriera con todos los gastos.
Al oírla, Antonio no pudo evitar mirar de reojo a Enzo, que estaba a su lado.
Ya había aceptado dinero del señor Mendoza; aceptar más sería buscarse la muerte.
Tragó saliva.
—No hace falta, señorita Rivera. En nuestro trabajo solo cobramos una vez…
—Entonces déjame invitarte a comer.
Enzo frunció ligeramente el ceño.
El corazón de Antonio dio un vuelco.
—No se moleste, señorita Rivera —se apresuró a decir—. Todavía tengo mucho que hacer con lo que queda del caso. Ya hablaremos después, ¿sí?
Le sonrió para tranquilizarlo.
—No te preocupes. Pronto todo esto habrá terminado.
Siguió caminando, y hasta sus pasos parecían más ligeros.
Enzo observó su frágil espalda y sintió una punzada de amargura en el corazón. Durante ocho años, su vida había sido un infierno.
***
Enzo ayudó a Simona a subir a su apartamento las cosas que había comprado para la ofrenda.
Apenas terminaron, recibió una llamada y se fue a toda prisa.
Simona ya se había acostumbrado a las idas y venidas de Enzo.
Se recostó en el sofá y leyó los largos comentarios que Sacha Masson le había enviado sobre sus bocetos. Tomó nota de todo y luego se sentó junto a la ventana para seguir dibujando.
Estuvo así hasta que el sol comenzó a ponerse, tiñendo el cielo de tonos rojizos.
Estiró los brazos para aliviar los músculos entumecidos y, justo cuando se disponía a preparar la cena, recibió una llamada del mayor de los Palacios.

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