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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 258

Cuando Rubén mostraba su lado más dominante, aun así se notaba atento y tierno con ella.

—¿Qué tienes?

—No me gusta estar aquí —Beatriz se aferró a su cuello, buscando consuelo y protección.

Rubén se quedó sin aliento. La abrazó con fuerza, sintiendo lástima por lo vulnerable que ella se mostraba.

—Está bien, vamos al cuarto.

Justo cuando ambos estaban por irse, el celular que Beatriz había dejado sobre la mesa empezó a sonar.

Al ver el número en la pantalla, el ceño de Rubén se marcó con fuerza. Ese malestar que apenas había logrado calmar después de cenar, volvió a apoderarse de él.

Ese número lo conocía demasiado bien.

Aunque Beatriz no lo supiera, Rubén había investigado a Ismael una y otra vez. No había hecho el esfuerzo de memorizar su número, pero su memoria le jugaba a favor: con solo verlo una vez, ya lo tenía grabado.

Con una mano libre, Rubén tomó el celular de Beatriz y se lo extendió.

—Contesta.

Beatriz no recordaba el número exacto de Ismael, pero sí sabía que los últimos tres dígitos eran nueve. Con la frase tan directa de Rubén, se dio una idea bastante clara de quién la estaba llamando.

No quería contestar.

—No quiero contestar.

Rubén la apapachó, casi rogándole:

—Anda, hazme caso, contesta.

Beatriz insistió, ahora con un dejo de molestia:

—Te digo que no quiero contestar.

—Bea, ¿de verdad quieres que empiece a imaginar cosas raras? —Rubén la miró fijo, con una ternura que contrastaba con la tensión en su voz—. Si no contestas, voy a empezar a pensar cien cosas distintas sobre esa llamada.

Llevaba meses aguantándose desde que Beatriz regresó a Solsepia. No quería dejarse llevar por sus celos, aunque sabía bien que entre ellos no había contacto alguno.

Beatriz, en toda su vida, jamás iba a tener una conversación decente con Ismael.

Aun así, Rubén no podía evitarlo. Le daba rabia esa relación de tres años que solo existía en papel. Le molestaba ese hombre llamado Ismael. El simple hecho de pensar en él lo enfurecía al punto de querer borrarlo del mapa.

Beatriz se apartó de él despacio, aunque Rubén solo se alejó de la parte superior de su cuerpo.

Lo miró, resignada, con cierta tristeza en los ojos.

—¡Beatriz! ¿Qué estás haciendo?

Ni siquiera él entendía de dónde le salía ese coraje, esa sensación de estar siendo engañado. Pero la verdad, no podía controlarse.

—¡Pum!—

Rubén le quitó el celular de la mano, colgó y lo lanzó sobre la mesa.

Soltó dos palabras, cortante:

—Qué fastidio.

...

Dentro de un BMW negro, Ismael sostenía el celular, mirando la pantalla con furia tras la llamada interrumpida. Volvió a marcar, pero del otro lado solo aparecía el mensaje de apagado.

Furioso, le dio una patada al asiento del copiloto.

—¡Maldita!

Se volvió hacia el hombre que tenía a su lado:

—Te pedí que investigaras con quién se casó Beatriz, ¿ya tienes el dato o no?

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