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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 266

El corazón de Rubén dio un vuelco. Subió las escaleras de dos en dos y se dirigió directo a la recámara principal en el segundo piso.

Apenas abrió la puerta de la sala de estar, vio a Beatriz acurrucada en el sofá, hojeando un libro tranquilamente.

Al escuchar la puerta, ella lo miró y, al reconocerlo, se le iluminó el rostro con una sonrisa.

—¿Ya volviste?

Beatriz dejó el libro a un lado, se puso las pantuflas y se levantó. Al notar las gotas de lluvia en los hombros de Rubén, frunció un poco el ceño y preguntó con suavidad:

—¿Todavía sigue lloviendo afuera?

Rubén evitó mirar directamente esos ojos claros que lo desarmaban. Asintió con un leve murmullo.

—No ha parado.

—¿Por qué no te has dormido todavía?

—Te estaba esperando. Llamé varias veces y no contestaste, me preocupé.

Rubén apretó los labios, se quitó la chamarra empapada y la dejó sobre el respaldo del sofá. Luego abrió los brazos en dirección a Beatriz.

—Ven, déjame abrazarte.

Beatriz se acurrucó sin dudarlo en su pecho, escondiendo el rostro.

—¿Te molestaste conmigo?

Rubén nunca fingía ante ella, ni siquiera cuando estaba molesto. Respondió directo, sin rodeos:

—Un poco.

Él nunca tenía problema en decirle a Beatriz cuando algo le incomodaba, incluso si se trataba de que pasaba demasiado tiempo fuera de casa. Si algo le molestaba, lo decía sin vueltas.

Ireneo solía decirle que le faltaba filtro, pero él estaba convencido de lo contrario.

A veces, prefería guardar silencio solo para no dejar ver su lado menos agradable frente a Beatriz. No quería asustarla.

—Yo supe que habías llegado a la empresa, pero no me esperaste ni subiste a verme. Por eso me sentí mal.

Beatriz giró un poco el rostro, percibiendo el olor a alcohol en su aliento.

—¿Así que te fuiste a tomar?

—Fui a tomar unas copas con Ireneo, no muchas.

Beatriz soltó un suspiro cansado.

Rubén la sostuvo de la cintura, como si temiera que se fuera a escapar.

—No me importa.

Y no quería seguir hablando del tema, porque sentía que terminaba pareciendo demasiado controlador.

—Deberías tratar mejor a Vanesa. Es una chica y su familia nunca la ha tratado bien. Si la ignoras, cualquier patán de afuera se la puede llevar.

Beatriz le habló con calma, analizando todo como si estuviera explicándole la vida misma. Rubén escuchó y, a regañadientes, tuvo que admitir que tenía razón.

Esa noche, antes de dormir, le transfirió a Vanesa dinero para sus gastos.

Vanesa casi dio un brinco de la impresión, se quedó con cara de no entender nada, mirando el celular como si se tratara de una broma. Sin pensarlo, fue directo al grupo de chat que compartía con los otros tres chicos.

[Vanesa: ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? Mi tío me acaba de transferir dinero. ¿Será que me está diciendo que me largue?]

[Sebastián: Bienvenida a casa. Para lo bueno y lo malo.]

[Joaquín: Si tu tío quisiera que te fueras, no te daría dinero. Pregúntale a mi tía.]

[Vanesa: ¡Quino, eres el mejor!]

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