Beatriz se detuvo un instante mientras bebía agua.
Sus largas pestañas parpadearon un par de veces, y cuando levantó la mirada, sus ojos brillaban ligeramente por el vapor:
—Entonces, haremos lo que tú dices.
[Liam: ……………… ¿Qué? ¿De verdad?]
Beatriz asintió con calma:
—De verdad.
—¿Pero Sonia aceptará? —le preguntó Liam.
—Si no, solo hay que crear un malentendido para que acepte, ¿no crees?
...
Aeropuerto.
El avión aterrizó despacio y rodó hasta detenerse.
Sonia esperaba su equipaje junto a la banda, platicando de vez en cuando con la persona que tenía al lado, aunque sin ponerle mucha atención.
Cada tanto, revisaba el celular con impaciencia.
No fue sino hasta que recogió la maleta que guardó el teléfono en su bolso.
Las personas a su alrededor empujaron sus carritos y se encaminaron hacia la salida.
Sonia se detuvo cerca de la puerta, esperando al chofer que la recogería.
Una camioneta negra, impecable y elegante, se detuvo justo frente a ella sin dudarlo.
Liam bajó del asiento del copiloto.
—Señorita Olmos, nuestra jefa quiere verla.
Quiere verla.
No “le gustaría”, no “si tiene tiempo”.
Así, sin vueltas. Beatriz estaba cien por ciento segura de que Sonia subiría a ese carro.
—¿Pasa algo? —Sonia conocía a Liam; ese tipo era como la sombra de Beatriz.
De vez en cuando, él podía tomar decisiones por ella.
—Sí hay algo, pero no es el lugar para hablarlo.
Sonia no pudo evitar fruncir el ceño. Beatriz no era precisamente una persona confiable.
—No se preocupe, señorita Olmos, nuestra jefa sabe distinguir entre aliados y enemigos.
Sonia miró a la persona que estaba a su lado y decidió:
—Claro, compañeras de trabajo por haber estado con el mismo hombre, ¿o no? —Beatriz lo dijo con un aire de indiferencia.
El color se le fue de la cara a Sonia.
—Si la familia Zamudio realmente nos busca para una alianza, entonces sería justo lo que yo siempre quise. No tiene caso que hagas todo esto.
—¿No tiene caso? —Beatriz soltó una carcajada—. Hablas como si fueras una niña ingenua. Mejor ve y pregúntales a tus papás.
—En cuanto te cases con Ismael, te vas a convertir en la siguiente yo.
...
La camioneta tomó rumbo directo a la mansión de los Olmos.
Cuando el vehículo por fin se detuvo, Beatriz le lanzó una última advertencia:
—Ismael no te quiere, por eso no se casará contigo. Ismael te necesita, quiere usarte, por eso está dispuesto a casarse. Sonia, solo tienes que hacer una cosa: pídele que jure, usando el futuro de la familia Zamudio, que se casa contigo porque te ama. Si no lo hace, que le caiga la desgracia.
Beatriz la miró de reojo:
—Espero tu llamada.
Apenas se abrió la puerta eléctrica de la camioneta y Sonia se preparó para bajar, Beatriz agregó:
—Un consejo: hoy no te apresures a desmaquillarte ni a irte a bañar. Espéralo. Está por llegar.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina