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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 341

Apenas bajaba por el edificio cuando Vanesa, como si hubiera sentido una conexión mágica, empezó a mandarle mensajes de auxilio.

Una tras otra, las notificaciones de ayuda explotaron en WhatsApp.

Beatriz contestó con un simple “ya estoy abajo”, y al instante, la llamada de WhatsApp de Vanesa entró con urgencia.

—¿Dónde estás, tía? Ya bajo por ti, ¡no vayas a perderte!

—Hay varios chicos guapos en la oficina, no te vayas a perder entre tanto galán.

Vanesa se levantó de golpe frente a Rubén, hablando en voz alta mientras sostenía el celular, y salió disparada del despacho.

En cuanto cruzó la puerta principal, salió corriendo como si la persiguiera el mismísimo diablo.

Apenas vio a Beatriz, la envolvió en un abrazo gigante.

—¡Tía, eres la mejor! En la próxima vida también quiero que seas mi tía.

—¿Eso significa que también quieres que Rubén siga siendo tu tío?

Vanesa se detuvo en seco, frunciendo la cara.

—¡Ay, no! ¡Qué horror, quita, quita!

Beatriz, con gorra y cubrebocas, subió con Vanesa. Apenas abrió la puerta del piso, se topó con Sebastián y Joaquín, que la miraban suplicantes.

Como dos perritos, sólo les faltaba mover la cola y soltar lágrimas.

Se veían tan desamparados que daba ternura.

Vanesa no perdió el tiempo y empujó a Beatriz directo hacia Rubén.

—Tía, platica con mi tío. Nosotros nos salimos.

...

La calefacción dentro de la oficina estaba a todo lo que daba. Beatriz, con su abrigo grueso, comenzó a sudar en cuestión de minutos.

Le dio un empujoncito a Rubén.

—Hace calor, suéltame un poco.

Rubén aflojó el abrazo y dio medio paso atrás.

—¿Viniste solo a rescatarlas?

Mientras se quitaba el abrigo, Beatriz respondió:

—En realidad, vine a verte a ti.

—No te creo —Rubén arqueó una ceja, dudando. Todo el mundo sabía que Beatriz se llevaba de maravilla con los tres “pollitos”. Y Vanesa era experta en conseguir lo que quería con sus ocurrencias.

Estaba por cambiar de posición cuando una silueta alta se interpuso, bloqueando el sol.

Rubén le habló con calma.

—No es bueno ver el celular con el sol de frente. Siéntate bien.

—Ya voy —contestó ella, acomodándose—. ¿Tienes alguna preferencia para comer?

—No, mientras no pidan cosas raras.

¿Cosas raras? ¿A qué se refería con eso?

Beatriz no pudo evitar preguntar.

—¿Por ejemplo?

—Queso fundido, brochetas...

Beatriz se quedó callada. Vaya que este hombre no sabía nada de romance.

Ya había elegido restaurante y se ponía el abrigo para salir cuando la puerta se abrió de golpe; Ireneo entró sonriente. Al ver a Beatriz, se sorprendió.

—¡Mira quién está aquí! Justo quería contarte algo. Resulta que la supuesta novia de tu ex es imagen de una de nuestras marcas.

...

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