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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 346

Sobre el tocador del dormitorio.

Beatriz estaba sentada ahí, envuelta por los brazos de Rubén.

Él la miraba fijamente mientras revisaba uno por uno los mensajes de su celular.

Al principio, Beatriz solo había querido hacer el intento de protestar, pero Rubén insistió tanto que terminó obligándola a mostrarle más de cien mensajes. La mitad de esos mensajes eran simples notificaciones bancarias por sus compras diarias.

Ser observada de esa manera le resultaba insoportable.

Varias veces levantó la mirada hacia él.

Cada vez, Rubén soltaba:

—Sigue revisando. Si sale algo raro, lo resolvemos de una vez. No quiero que quede ningún problema pendiente.

Beatriz, resignada, contestó:

—Está bien, confío en ti.

En el fondo, se lamentaba. No debió haberse metido en líos para salvar a Vanesa y acabar arrastrándose consigo misma.

Rubén le lanzó una risa burlona:

—Ya es tarde para eso.

—¿No entiendes que si uno siempre apapacha a los hijos, termina malcriándolos? O es que tampoco te suena eso de que una madre demasiado indulgente arruina a sus hijos.

Cuando vio que Rubén estaba a punto de darle una charla, Beatriz bajó la voz y murmuró para sí:

—Ni que yo fuera su mamá, ¿por qué habría de preocuparme tanto?

—Tú...

—¡Ay, ya! —Beatriz, medio en broma y medio en serio, le tapó la boca antes de que terminara. Se colgó de su cuello como una gatita mimada, buscando su atención—. Es que casi no tengo amigos... Luciana siempre anda ocupada y nunca tiene tiempo para mí. Solo Vanesa me busca, y cuando la noto triste, pues me sale querer ayudarla. Ponte en mi lugar, ¿sí?

Al llegar a casa, Beatriz se había dado un baño.

El aroma dulce del champú y el gel de ducha flotaba entre ellos mientras ella se acurrucaba más.

Rubén bajó la mirada.

La escena frente a él era de lo más tentadora.

Sintió cómo el aire se le atascaba en el pecho.

Intentando recobrar la compostura, Rubén decidió tenderle una trampa a Beatriz:

—¿Así que por proteger a Vanesa, te pusiste a acusarme? Ella es tu amiga, ¿y yo qué soy?

—¡Tú eres mi esposo!

—¿Y entre un esposo y una amiga, quién es más importante?

¿Creía que la iba a atrapar?

Beatriz era lista.

En el patio, Sebastián y Joaquín llevaban la casita del gato a un rincón donde no pegaba el aire.

Vanesa iba detrás de ellos, cargando el plato de comida del gato.

Joaquín, mientras acomodaba la casita, comentó:

—Vanesa, cada vez te pones más atrevida.

Vanesa bufó:

—Les salvé el pellejo, ¿qué no ven? Además, mientras esté mi tía, mi tío ni se atreve a hacernos nada.

—No me creo que se anime a patearnos como antes, no si está mi tía presente —añadió Joaquín.

Uno tiene que cuidar su imagen delante de la esposa. No vaya a ser que ella piense que es un salvaje y luego salga perdiendo.

Sebastián suspiró:

—Es que tú tienes ventaja. Como eres mujer, el tío es muy estricto con nosotros, pero contigo solo se enoja. Y no es lo mismo.

Cuando Rubén se enojaba con ellos, no dudaba en soltarles una patada si hacía falta.

Con Vanesa, como mucho, le soltaba un par de gritos y la ponía a reflexionar.

Vanesa se encogió de hombros:

—Tampoco es como si me tratara tan bien.

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