Entrar Via

Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 362

Al verla bajar, Mario la saludó con una sonrisa.

—¿Y esto?

—Son regalos que el señor pidió preparar —explicó Mario—. Dijo que eran para que los llevara usted a Aguamar, para la abuela.

Beatriz se quedó parada, sorprendida.

Antes de que pudiera reaccionar, Valeria se acercó alegremente:

—El señor Tamez lo encargó desde anoche. —Se le notaba el buen humor, irradiando simpatía—. Hoy en día, ya casi no hay jóvenes que sean tan atentos.

—No lo acompañas a Maristela, y aunque se nota que le afecta, en sus acciones siempre te respeta. Beatriz, de verdad te tocó un buen hombre.

Valeria estaba más que satisfecha con Rubén.

Se le notaba a leguas.

—¿Y dónde está él? —preguntó Beatriz.

—El señor está en la sala revisando el trabajo de Vanesa y los demás. Apenas terminó de hacer ejercicio y ni tiempo tuvo de bañarse, ya estaba metido en eso. Con los tres niños es estricto, pero también muy responsable...

Las palabras de Valeria se perdieron en el aire.

Beatriz, que planeaba ir al comedor, cambió de rumbo y se fue directo a la sala.

Eran las siete y media. El día, tras una nevada, estaba cubierto de nubes, sin rastro de sol. La luz era tenue en la sala.

Bajo el cálido resplandor de las lámparas, Rubén revisaba un informe impreso con una mano, mientras con la otra movía el ratón de la computadora.

Estaba cotejando los resultados finales.

Cuando Beatriz apareció en el umbral, al señor Tamez se le notó la sorpresa.

—Todavía es temprano, ¿por qué no duermes un rato más?

Ella no respondió, solo se acercó, le rodeó el cuello con los brazos y se sentó en sus piernas.

Rubén tuvo que dejar a un lado los papeles.

La miró, divertido:

—Estoy todo sudado.

Beatriz le acarició el cuello con la mejilla:

—No me importa.

Cuando se acostaron, sentía la firmeza de su cuerpo junto al de ella.

Medio dormida, había pensado en acercarse a besarlo.

Pero él la abrazó con fuerza y murmuró: "Duerme, si estás cansada".

Rubén acarició su cabello:

—Bea, yo quiero a los tuyos porque te quiero a ti. Y te quiero porque lo vales.

—Pero yo no he hecho nada por ti.

Rubén soltó una pequeña carcajada:

—Esto no es una competencia, Bea. La vida en pareja no es para estar midiéndose, ni para ver quién hace más o quién aporta menos. En la escuela ya te comparan por las calificaciones, en el trabajo por lo que logras... ¿no es suficiente con eso?

—Además, tú me dejas quererte, y con eso es más que suficiente para mí. Vengo de una familia muy seria, con reglas estrictas, donde todo es formalidad y disciplina. Soy estructurado, sí, pero también estoy cambiando poco a poco. Y, aunque esa educación me hizo rígido, en el amor es diferente. No quiero que mi esposa tenga que ajustarse a mí ni hacer nada que no quiera. Yo estoy completo, no necesito tomar nada de ti para sentirme en paz.

—Solo sé tú misma.

—Y yo me encargaré de quererte como te mereces.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina