Entrar Via

Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 367

Sonia sostenía el teléfono que acababa de colgar.

Detuvo el carro a un costado de la calle, se acomodó el cuello alto del suéter y apagó la calefacción.

La incomodidad la envolvía.

Y es que todo parecía estar siguiendo al pie de la letra los planes de Beatriz.

¿De verdad todo esto era obra de Beatriz o era simplemente la naturaleza humana mostrándose?

No podía sacudirse esa sensación de desasosiego.

Marcó el número de Beatriz.

Justo en ese momento...

Edgar había salido al patio a fumar, y entre él y su sobrina la plática iba y venía, sin mucho hilo.

Cuando el celular de Beatriz sonó, Edgar, cigarro entre los dedos, se alejó un poco más, caminando hasta el huerto de la abuela.

Se puso a dar vueltas por ahí, distraído.

Beatriz contestó, y la voz de Sonia, con un tono acusador, se escuchó del otro lado:

—¿Todo esto lo planeaste tú?

—¿No lo tienes clarísimo? Sonia, ¿por qué te engañas sola?

—¿Entonces por qué todo parece estar bajo tu control?

—Porque conozco a la gente. En estas fechas, ni ganas tengo de manipular a tu familia. Mejor fíjate bien, las cosas solo están fluyendo como yo predije.

—Sonia, para Gregorio no eres más que una pieza. Incluso el hecho de emparejarte con Ismael fue calculado, solo parte de su juego.

Beatriz colgó.

No pudo evitar reírse con sarcasmo:

—Qué ilusa...

—¿A quién le hablas así? —preguntó Edgar desde el huerto.

—A una chava que seguro también conoces, la hija de Mariano —le resumió Beatriz lo ocurrido.

Edgar escuchaba, frunciendo el entrecejo:

—Un padre que trata así a su hija, seguro la madre lo sabe.

—Lástima que ella no lo ve, todavía le falta camino para darse cuenta.

...

Esa noche, la villa Aguamar resplandecía. La familia entera se reunía, platicando y riendo juntos, como si nada pudiera romper esa armonía.

Más tarde, Beatriz dejó el celular cargando en la recámara del segundo piso.

Antes de irse, le mandó un mensaje a Rubén, avisándole que su celular estaba en carga.

No fue hasta las once y media que subió.

Apenas había salido de la regadera y se tumbó en la cama, lista para responder los mensajes que encontró en la pantalla.

Berta Barrales entró de pronto.

Y detrás de ella, Luciana, siguiéndola como su sombra.

...

Al día siguiente, último día del año.

Beatriz despertó temprano. Apenas abrió los ojos, vio unos sobres rojos alineados sobre la cama.

Eran tres, perfectamente acomodados.

Se acomodó el cabello y, aún sentada sobre la cama, tomó uno de ellos para mirar el mensaje de buenos deseos escrito en la parte superior.

Suspiró con el sobre entre los dedos, pensando que, al menos, la familia Barrales seguía junta.

Al final, la vida tampoco era tan mala.

A las ocho y media, ya lista después de bañarse, el celular empezó a sonar con fuerza en la mesita de noche.

Al ver el nombre de Rubén en la pantalla, el corazón de Beatriz dio un salto.

¡Rayos!

Había platicado tanto la noche anterior que se le olvidó responderle.

—Hola.

—Hola —respondió el señor Tamez, con un tono seco.

—¿Anoche estuviste ocupada?

—No, solo que la plática se alargó y ya no te contesté.

—Ah, o sea que sí tienes tiempo para contestar llamadas de otros, pero no a mí.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina