Entrar Via

Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 377

A pesar de estar en el centro de detención, la abuela seguía tan alerta como siempre. Después de todo, había terminado en esa situación porque alguien la había tendido una trampa. Si no se mantenía atenta, bien podría perder la vida en cualquier descuido.

Cuando vio a Sonia entrar con una caja de comida, su pregunta fue tan sutil como astuta:

—¿Y eso? ¿Por qué de repente te acordaste de traerle comida a tu abuela?

Sonia suspiró y, con una tristeza que no intentó ocultar, respondió:

—Ayer estuve platicando con unas amigas sobre esos años con Ismael. Pensé que ya ni tenía nada que extrañar, pero cuando me acordé de usted...

Sonia bajó la mirada.

—Abuela, perdón, fui yo la que no cumplió con lo que ustedes esperaban de mí.

Mientras hablaba, Sonia se secó las lágrimas con la manga de la blusa.

—Abuela, yo no puse nada raro en la comida. Si no me cree, se lo puedo demostrar, mire —dijo, apresurada, abriendo la caja y probando cada uno de los platillos frente a la anciana.

La abuela siempre había pensado que Sonia era una muchacha ingenua, de esas que no tienen malicia ni demasiada inteligencia, más bien como una niña grande. Si no fuera así, después de tantos años, ya habría alcanzado el puesto de señora en la familia Zamudio.

—No es que desconfíe de ti, eres buena muchacha —soltó la abuela con un suspiro.

Sus palabras llevaban un dejo de resignación.

—Tal vez es que la familia Zamudio, en el fondo, no tiene esa suerte.

Pasaron un rato recordando con cariño aquellos días felices. La nostalgia las envolvió como una manta tibia, y entre plática y plática, la abuela finalmente empezó a comer.

Sonia, por su parte, no tuvo escapatoria y también terminó llevándose varios bocados a la boca, presionada por la abuela.

La anciana la miraba con atención, buscando cualquier señal de nerviosismo o incomodidad, pero Sonia solo parecía tranquila, como si no ocultara nada. Hasta entonces, la abuela se atrevió a tragar la comida.

Ella aún no se daba por vencida, debía seguir alerta. No podía permitir que todo su esfuerzo se viniera abajo por una imprudencia.

Por su parte, Sonia ni siquiera tenía idea de la relación entre la familia Zamudio y Fausto.

...

Una semana después de la visita en el centro de detención, Sonia seguía esperando ver la noticia de que la abuela había muerto en circunstancias extrañas. Pero nada. Eso la hizo dudar si lo que Beatriz le había dado era solo un suplemento o una pastilla de vitaminas. Quizá solo era una prueba para ver hasta dónde llegaba su osadía.

...

Él la había dejado con tal facilidad... hasta para tirar una prenda vieja uno se lo piensa dos veces, pero Ismael la había dejado atrás como si fuera nada, sin siquiera una despedida.

—No hace falta, entremos.

Sonia se metió a la tienda y empezó a revisar la ropa. Una vendedora se le acercó para presentarle las novedades.

La vendedora que normalmente la atendía estaba ocupada con otros clientes, así que otra la recibió en lo que quedaba libre.

Sonia se detuvo frente a un vestido rosa largo, de tirantes y escote en los hombros, y estuvo a punto de sacarlo para verlo mejor.

Detrás de ella, la vendedora nueva quiso quedar bien y soltó:

—Señorita Olmos, qué buen gusto tiene. Este vestido es igualito al que usó Celia, la actriz, para el evento de hoy aquí en el centro comercial.

Sonia se quedó congelada, con el vestido en la mano.

En eso, la vendedora habitual se acercó, apartando a su compañera con discreción:

—Señorita Olmos, no le haga caso a lo que dijo mi compañera. De hecho, ni creo que ese vestido esté a la altura de su estilo. Acá tenemos unas opciones de seda y gasa que seguro le van a gustar más, ¿quiere que se las muestre?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina