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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 428

—Sí, sí, sí, la verdad es que los comentarios de los internautas sí están para morirse de risa. Anda, ve a bañarte de una vez.

—Traes todo el cuerpo sudado, ya hueles feo.

Rubén se quedó un rato de pie junto a la cama, mirándola desde arriba, saboreando la chispa traviesa en sus ojos. Se veía como una conejita astuta, imposible no encontrarla adorable.

Con tantas cosas pesando sobre ella, era raro verla tan animada.

Después de un momento, él le tomó la cara entre las manos y la besó con fuerza, como si quisiera grabar ese instante en su memoria...

Sus dedos ásperos recorrieron desde detrás de su oreja, bajando lentamente por la suavidad de su cabello largo.

...

Cuando el cielo apenas comenzaba a iluminar la ciudad, la gente que la mantenía en movimiento ya volvía a casa después de una noche de trabajo.

En la comisaría no era diferente.

Cristian había pasado la noche resolviendo un caso de unos muchachos con el cabello teñido que rompieron ventanas y robaron cosas del barrio.

Después de darles una lección, los llevó de regreso y los dejó con sus papás.

Apenas bajó del carro, sacudiendo la mano enrojecida de tanto golpear, entró a la oficina.

—¿Qué pasó, Cristian? ¿Te pasaste de duro anoche? —le preguntó el policía más veterano, mientras le alcanzaba un frasco de pomada para golpes.

—Si los papás no los educan, nos toca a nosotros. Y mira que estos chamacos aguantan, pero me dejaron la mano adolorida.

Cristian le contestó mientras se acercaba al grupo de compañeros que se había formado alrededor de algo.

—¿Qué ven ahí? ¿Ya salió otro chisme o qué?

—No es chisme, Cristian, es un tipazo —respondió uno de ellos.

Cristian, masajeándose la mano, se arrimó curioso.

—¿A poco tan guapo está el tipo como para tenerlos así de babosos? A ver, déjenme ver.

El caso de la familia Zamudio ya se había resuelto. No había motivo para seguir en contacto.

...

—Este Grupo Brillante sí que da de qué hablar —dijo Ireneo, cruzándose de brazos y recargándose en el escritorio de Rubén, visiblemente intrigado—. No lograron evitar que Lucas los comprara, pero de alguna manera lograron contactarte. ¿De dónde sacan sus conexiones?

Rubén hojeaba un expediente a toda velocidad, sin apartar la atención de los documentos.

—El conductor de la entrevista —le recordó en tono indiferente.

—El presentador ese, el de economía que ya anda por los cuarenta y tantos. Sí tiene sus conexiones, pero aunque las tenga, debería saber que no se pueden usar sin permiso. ¿No me digas que le soltaste algo durante la entrevista?

Rubén siguió revisando los papeles, sin siquiera mirarlo de reojo.

—¿Y tú tienes pruebas?

—¡No manches! ¿En serio sí pasó? —Ireneo perdió la pose despreocupada y se inclinó hacia Rubén, apoyando ambas manos sobre el escritorio, con los ojos bien abiertos—. ¿Tú ya sabías que Lucas estaba negociando con Grupo Brillante? ¿Y también sabías que el presentador de ayer era amigo íntimo del dueño? ¿Por eso soltaste información a propósito?

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