Entrar Via

Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 446

Beatriz escuchaba atenta, lanzando una mirada rápida a Rubén.

Jamás lo había oído hablar de esas cosas.

—Al final, tu tío y yo nos hicimos muy buenos amigos. Lo que nadie esperaba es que ahora, además de amigos, también seamos familia.

—Así es la vida, todo es cuestión de destino.

Ireneo le guiñó un ojo a Rubén, con una mirada tan pegajosa que a cualquiera le revolvía el estómago.

—¿A poco no es cosa del destino? Yo aquí, siguiéndote y llamándote hermano, y luego a Beatriz le digo tío... En tu familia ya no se sabe quién es quién, ¡qué enredo de parentescos!

Rubén lo miró con fastidio.

—¿Ya te cansaste de vivir o qué te pasa?

No pasó mucho tiempo antes de que prepararan el asador y comenzaran a poner la carne.

El ambiente estaba animado, todos comían con entusiasmo.

Entonces, el celular de Beatriz vibró con una notificación.

Ella lo tomó y echó un vistazo rápido.

Después, lo dejó en la mesa con lentitud, sin decir palabra.

...

Primavera.

La estación menos favorita de Cristian.

Apenas florecían las flores amarillas en el campo y ya los casos extraños se disparaban por todos lados.

La noche anterior, Cristian había terminado de resolver un caso a toda prisa. Cuando por fin regresó a casa, apenas comenzaba a aclarar el cielo.

—¡Oficial Salgado, ya volvió! —le gritó la vecina desde la puerta—. Tiene un paquete esperándolo en la entrada desde hace días, se lo guardé en el mueble de los zapatos, no se le olvide recogerlo.

—¡Gracias, usted siempre tan atenta!

—No hay de qué, ustedes trabajan muy duro.

Cristian platicó un par de minutos con la vecina, luego abrió el mueble y tomó el paquete antes de entrar a su departamento.

Lo dejó en la entrada, sin apurarse a abrirlo.

Los hombres rara vez tenían prisa por abrir un paquete, no como las mujeres.

Después de dormir un rato, cuando salió a recoger su comida del repartidor, vio el paquete donde lo había dejado.

Fue a la cocina, agarró un cuchillo y comenzó a abrir la caja con calma.

Adentro encontró una grabadora de voz.

La encendió sin mucho interés y la dejó en la mesa, mientras abría su bolsa de comida.

De pronto, una voz serena comenzó a escucharse en la habitación:

Cristian se vistió a toda prisa y salió rumbo a la estación. Apenas entró a la oficina, su jefe le extendió el celular.

En la pantalla había un video de denuncia.

La grabación de María había llegado a manos de Cristian, y además, ella había subido un video en línea denunciando a un exjefe del equipo de investigaciones, sin mencionar nunca al Grupo Mariscal.

A simple vista, parecía que el mensaje iba dirigido directamente al equipo de investigaciones criminales.

—¿Qué opinas? —preguntó el jefe.

Cristian guardó silencio un momento. Sacó la grabadora de su bolsillo y la puso sobre el escritorio.

—Jefe, yo recibí esto también.

Cuando terminaron de escuchar la grabación, el jefe quedó callado unos instantes.

—Sí, está claro. Ella quiere reabrir el caso.

—¿Qué hacemos? —preguntó Cristian.

—Primero, localízala. Habla con ella en persona.

Cristian asintió.

—Voy de inmediato.

—Y si se complica, no dudes en usar otros métodos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina