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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 454

—¡Ajá!

La postura de Rubén ya dejaba muy claro su mensaje.

—Con razón, con razón la vez pasada ni siquiera nos dejaron entrar a la casa. Esta vez no solo pasamos a la sala, sino que hasta nos recibieron.

—Así que era una advertencia, ¿no?

Cristian, mientras sujetaba el volante, parecía sumido en sus pensamientos.

Al final, viró el carro y volvió a subir la colina.

...

En el jardín, Beatriz llevaba un vestido color piel, de dos piezas, con cuello redondo que dejaba ver su clavícula. Su largo cabello, tan oscuro como la noche, caía suelto sobre la espalda.

Ella revisaba las plantas para ver si alguna necesitaba ser podada.

Rubén, en ropa cómoda color gris, se resguardaba del sol bajo la sombra del jardín.

Con el celular plegable abierto, atendía asuntos de trabajo.

Cuando Cristian regresó inesperadamente, Rubén no mostró ni un solo gesto de sorpresa.

Al contrario, con total tranquilidad, cerró el teléfono, se puso de pie por cortesía y miró a Cristian acercarse luego de bajarse del carro.

—Señor Tamez, disculpe la molestia. Quisiera sacar una copia del video para llevarlo conmigo, ¿sería posible?

Rubén lo observó con detenimiento. Aunque su gesto era el de un hombre de negocios educado, detrás de esas palabras amables se notaba esa distancia natural de quienes miran por encima a los de abajo.

Cristian estaba acostumbrado a ignorar esas miradas de desdén. Después de todo, como policía, si se ponía quisquilloso con su dignidad, iba a terminar arruinando cualquier investigación.

—Mario.

La voz de Rubén, suave pero firme, rompió el silencio. Mario enseguida llamó a Andrés para que trajera el material necesario.

Desde donde estaba, Cristian no podía ver a Beatriz; un seto le bloqueaba la vista.

Por el otro lado, Beatriz tampoco parecía interesada en lo que ocurría.

No fue sino hasta que Andrés llegó con la computadora que Cristian se acercó, sacó su memoria USB y copió el archivo.

Antes de irse, agradeció a Rubén.

Justo al darse la vuelta para marcharse, vio que Beatriz salía de entre los arbustos con una maceta de olmo en brazos.

Aunque el otro fuera un tipo correcto y contenido...

Eso no quitaba lo desagradable de la situación, ni ocultaba las intenciones que, en el fondo, todos los hombres tienen cuando se trata de una mujer tan especial.

...

—Oye, jefe, ¿sí viste a esa chica? ¿De verdad era la exesposa de Ismael?

—Sí, la vi.

—¿Y qué onda con ellos? ¿Qué relación tienen?

—¿No serán pareja ahora, verdad?

—¿Un hombre tan rico buscaría casarse con una mujer divorciada?

Cristian no tenía ganas de contestar ninguna pregunta.

—Si quieres, me detengo, y vas tú mismo a preguntarles —soltó, sin ganas de seguir la conversación.

El aprendiz se quedó callado, sin saber qué decir.

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