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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 461

—Carlota y yo estudiamos en la misma prepa. Después, mi familia se fue a la quiebra y me fui al extranjero. Ya tengo dos meses de vuelta y ni rastro de Carlota. Pensé que ya se había casado. ¿A qué se refieren ustedes con que regresó?

Vanesa fingió no entender nada, paseando la mirada de un lado a otro entre los presentes.

No iba a dejar pasar el chisme sin enterarse de todo.

Alguien del grupo respondió con cautela:

—Si de veras quebraste, ¿cómo entraste aquí?

Sebastián y Joaquín, al escuchar eso, alzaron una ceja.

Definitivamente, convivir con gente lista era más entretenido.

—Pues... —Vanesa levantó la mano, con los dedos delicados señalando a Sebastián—. ¡Él es el patrocinador!

Sebastián: ………¿¿¿???

—¿O acaso crees que yo, siendo una niña en quiebra, podría pagar un lugar tan caro? Estos sitios son para ustedes, las que nacieron en cuna de oro.

La otra chica, ante los halagos tan descarados de Vanesa, se puso incómoda.

Se tocó la nariz, queriendo disimular y a la vez sin ganas de negarlo del todo:

—Al menos sabes cómo va la cosa.

—¡Por supuesto! —replicó Vanesa con entusiasmo—. Después de que mi familia perdió todo, ya entendí muchas cosas. Pero… —cambió de tema de golpe—, lo que decían de Carlota y su “novio mantenido”, ¿a qué se referían?

—¡Bah! —intervino alguien—. Pues que Carlota no es ninguna santa, ¿qué más? Anda con cada tipejo… ninguna de esas dos vale la pena.

—Ismael tampoco es nada bueno, no le agradeció nada a su exesposa, hasta la mató incendiando la casa. Y Carlota también andaba con dos al mismo tiempo. Al principio parecían la pareja perfecta, pero después… pues sí, al final se parecen tanto que terminaron juntos.

—Bueno, tampoco es para tanto. Hace unos años, la familia Zamudio ni en sueños aceptaba a Carlota. Si no fuera porque Lucas y Regina, con ayuda de la abuela Mariscal, le arrebataron la empresa a su propio hermano, Carlota jamás habría entrado a la familia Zamudio.

En las familias ricas, casi nunca dejan que las hijas se metan en el negocio, para evitar líos entre hermanos.

Solo recurren a ellas si ya no hay esperanza con los hijos varones.

Las hijas, para los padres de ese círculo, solo sirven para casarse o para tenerlas ahí, sin hacer mucho.

—¿De verdad creen que Sonia fue la suertuda? Mejor piensen: ¿quién sacó más provecho de todo lo que le pasó a Gregorio?

Al final, el que más gana es el que movió todos los hilos.

Y en toda esa historia de Gregorio, solo hubo un verdadero beneficiado desde el inicio.

Apenas dijo eso, el grupo de siete u ocho personas se quedó en silencio.

Hasta Vanesa dejó de hablar.

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