Como todos sabían, entre los nietos de la familia Tamez, aún no había nadie que lograra destacar de verdad.
Él pensó que no tenía por qué preocuparse por eso.
Pero jamás imaginó que el prometido de Beatriz sería Rubén.
¡La familia Tamez! ¡El mismísimo señor Tamez!
¡La familia Tamez y el señor Tamez de Capital Futuro!
¡El señor Tamez de Capital Futuro!
El hombre desapareció por completo tras cruzar la gran puerta.
A su lado, dos guardaespaldas aparecieron en el corredor. Lo miraron con indiferencia, sin invitarlo a pasar, pero tampoco lo echaron.
Así se quedó, bajo la noche bochornosa de treinta y cinco, quizá treinta y seis grados, sintiendo cómo el sudor le empapaba la camisa, se secaba y volvía a humedecerse una y otra vez.
Cuando Rubén subió, Beatriz llamó por teléfono a Liam.
—Investiga dónde está el hijo de Xavier y denúncialo por estar en una fiesta con drogas. Que los agarren a todos de una vez.
Liam no dudó y se puso a trabajar de inmediato.
Beatriz, en el vestidor, sacó un conjunto de ropa cómoda y estaba a punto de entrar al baño.
Alguien le bloqueó el paso en la puerta del vestidor.
Rubén, sosteniendo un vaso de agua, se lo ofreció:
—Toma un poco de agua, a ver si se te pasa el coraje.
Beatriz tocó el vaso, pero al sentir lo caliente lo retiró enseguida.
—¿A quién se le ocurre dar esto para calmar a alguien?
—Sudaste mucho, no puedes tomar nada frío.
—Entonces no quiero —Beatriz estaba fastidiada, y en su voz ya no quedaba ni rastro de suavidad.
Rubén soltó una risa leve, estirando la mano para abrazarla:
—¿Ahora resulta que te desquitas conmigo?
Beatriz esquivó el abrazo:
—Estoy toda sudada, no me toques.
—Primero me baño.
...
Esa noche, Xavier se quedó de pie en el jardín de la villa de la Montaña Esmeralda hasta el amanecer.
No se movió de ahí hasta que salió el sol.
A eso de las cinco y media, Rubén, vestido con ropa de casa, apareció frente a él.
—Señor Márquez, en las seis horas que estuvo aquí anoche, ya detuvieron a su hijo.
En ese instante, Xavier levantó la mirada, agotado, y la clavó con furia en Rubén, quien continuó:


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina