Miguel, que solía mantenerse al margen, intervino para suavizar la tensión:
—Señora Gómez, necesitamos que nos dé una fecha concreta.
—En estas dos semanas, señora Gómez, parece que usted y el señor Mariscal han estado enfocados en todo, menos en rescatar las acciones de la empresa.
Todos los miembros de la junta presentes tenían sus propios informantes dentro de la compañía. A simple vista, nadie sabía quién estaba del lado de quién, pero cuando surgía un problema, esas conexiones salían a relucir.
Cientos de ojos espiaban cada movimiento que hacían Regina y Lucas. Si no fuera así, ¿cómo se habrían enterado los que ni siquiera estaban en la oficina de que últimamente ellos dos no estaban enfocados en resolver la crisis de la empresa?
Miguel, siempre tan calmado y apacible, esta vez no se quedó callado:
—Señora Gómez, aquí todos somos de confianza, permítame decirle algo. Cuando una empresa pasa por una reestructuración y un cambio de liderazgo, los roces de poder son inevitables. Usar ciertas estrategias no es nada nuevo para nadie en esta sala. Todos hemos pasado por lo mismo: algunos hacen las cosas con destreza, otros no tanto. Si de verdad esta jugada ha sido del señor Mariscal, pensando en el bien de todos...
Miguel interrumpió su propio discurso. Sus ojos se posaron sobre Regina, quedándose en silencio por un par de segundos antes de continuar:
—Pensando en los intereses de la empresa, y en los suyos propios, ¿no cree usted que, aprovechando que la situación aún no está definida, sería mejor elegir a alguien que represente mejor la imagen de la compañía y pueda sacarla adelante?
La intención era clara: sugería que Regina debía deshacerse de Lucas y ocupar su lugar.
¡Una provocación descarada!
No se andaba con rodeos: estaba tentando a Regina para que traicionara a su propio esposo, todo por el dinero y el poder. Una jugada fuerte.
Beatriz, que había estado escuchando tras la puerta por un buen rato, esperó el momento justo y entró a la sala.
Si antes de ese día Regina aún tenía alguna duda, después de la entrada de Beatriz, seguro ya lo había decidido.
Los miembros de la junta se retiraron uno a uno. Afuera, los medios de comunicación no tardaron en hacer eco de todo.
Al mismo tiempo, Lucas fue citado por la policía y la junta directiva hizo declaraciones públicas. Las acciones del Grupo Brillante se desplomaron una vez más.
Regina volvió a su oficina, cerró la puerta tras de sí y, dándose la vuelta, apoyó ambas manos sobre el escritorio. Sentía la espalda rígida y apenas podía respirar.


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