Rubén se sentó en la silla, cerró la computadora y soltó un simple:
—Se acabó la reunión.
Beatriz apareció a su lado, dejando una bebida fría junto a su mano. Apenas puso la charola sobre la mesa, quiso marcharse. Pero Rubén la sujetó de la cintura y la atrajo hacia él, inmovilizándola suavemente entre sus brazos.
—¿Sigues enojada? —le murmuró cerca del oído.
—¿Y acaso no puedo enojarme? —replicó ella, sin mirar atrás.
—¡Claro que puedes! —Rubén suspiró, frotándose la frente como si el asunto le diera jaqueca. En el fondo, era él quien se sentía inquieto y quería que Beatriz lo consintiera un poco, pero al final, terminó enredándose aún más en sus propios sentimientos.
—Me equivoqué, lo admito. Te pido perdón, ¿sí? Ándale, ya no te enojes, mi amor.
Beatriz lo miró de reojo, como si el perdón le supiera a poco. Sostenía la mirada con cierto fastidio, dejando claro que ese tipo de disculpa no era suficiente.
—Ya que el señor Tamez anda tan arrepentido, ¿por qué no nos cuentas exactamente en qué la regaste? —le soltó, cruzándose de brazos.
—Me equivoqué por hacerte un berrinche sin razón —admitió Rubén.
Rubén sabía bien que Beatriz solo había usado a Cristian como una ficha más en su juego, sin involucrar sentimientos. Pero Cristian, en cambio, no era tan simple. Un hombre sabe perfectamente cómo otro mira a una mujer: ese tipo de mirada contenida, hambrienta, que dice más de lo que debería.
Como hombre, Rubén reconocía esos gestos demasiado bien, y no pudo evitar que los celos le revolvieran el estómago. Desde que Beatriz volvió de la estación de policía, notó que andaba de malas, y su cabeza no dejaba de imaginar cosas.
—Tienes mucha bronca con Cristian —señaló Beatriz.
—Tengo bronca con cualquiera que se te acerque —respondió él, resumiendo todos sus miedos en una sola frase.
Beatriz notó que Rubén intentaba evadir el tema y, tras forcejear un poco para soltarse, terminó contestando:
—Entre Cristian y yo no hay absolutamente nada —afirmó con firmeza.
—Lo sé —admitió Rubén, asintiendo.



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina