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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 565

Beatriz jamás olvidaría las dos caras de Lucas.

Cuando dependía de Ezequiel, Lucas se desvivía por tratarla bien, como si fuera su mejor amiga.

Pero tras la muerte de sus padres, cuando ya no había caretas entre ellos, Lucas ni siquiera intentaba fingir cortesía cada vez que la veía. Era evidente que ya no sentía ni un poco de aprecio.

Incluso, en el aniversario luctuoso de su padre, Lucas había pateado el brasero donde Beatriz quemaba papeles en el patio, una tradición familiar para recordar a los difuntos.

Le gritó en la cara, acusándola de traer mala suerte.

¿Mala suerte?

¿Acaso quemar papeles para los muertos era de mala suerte?

Pero robar la herencia de los muertos, eso sí que no le parecía nada malo.

En ese entonces, Beatriz todavía no había sido llevada a vivir con la familia Barrales. Durante una de esas peleas con Lucas, la anciana llegó justo a tiempo para abofetearla.

Le reclamó que le faltaba al respeto a sus mayores, que era una desobediente.

¿Y Lucas? ¿Qué hizo en ese momento?

Le echó más leña al fuego, alentando a la anciana:

—Mamá, ya que mi hermano mayor no está, deberías encargarte tú de poner en cintura a Beatriz.

Así que ese día, la anciana la encerró en una habitación y no le dio de comer en todo el día.

Ahora que lo pensaba, le parecía una completa burla.

¿Cómo se llamaba eso? ¿El mundo da vueltas? ¿El que ríe al último, ríe mejor?

...

En la casa de la familia Mariscal, Beatriz aventó el pan que traía en la mano sobre el sofá.

El pan rodó hasta los pies de la anciana.

El ruido inesperado hizo que la anciana pensara que Lucas ya había llegado, pero al levantar la cabeza, notó que era Beatriz.

Su mirada, que al principio estaba llena de furia, se transformó en una mueca de burla.

—¿Y tú qué haces aquí?

—Vengo a ver cómo te va... ¿O qué más podría ser?

La voz de Beatriz sonaba ligera, pero tenía un evidente tono de ironía. Buscó con la mirada un lugar donde sentarse, pero no encontró ni un rincón limpio.

Pero tras pasar el día entero sin comer, ya no le quedaba energía.

Ese movimiento débil no sirvió para nada; Beatriz no quitó la mano de su cara.

Al contrario, la sujetó del cuello y la levantó con facilidad.

La sonrisa de Beatriz se desvaneció y su mirada se volvió aún más oscura, casi como la de un fantasma:

—Todo lo que haces vuelve, y ya llegó tu momento. No pienses que puedes escapar de esto.

—Quiero que veas con tus propios ojos cómo todo lo que construiste se viene abajo.

—Tus hijos, tus nietos... ya veremos cómo acaban todos.

¡Bang!

Beatriz la empujó con fuerza hacia el sofá.

—Cuando mis padres murieron en ese accidente, la policía tenía pruebas para abrir una investigación criminal, pero tú saliste a dar falso testimonio. Así limpiaste el nombre de Lucas y Regina, y no solo eso: también los ayudaste a quedarse con el Grupo Mariscal, robándoles la empresa a mis padres.

Al oír esto, la mirada de la anciana se llenó de horror y sorpresa.

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