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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 584

—Señorita, si usted se va, ¿qué vamos a hacer aquí? —Liam se sobresaltó, su voz sonaba inquieta.

Justo ahora que todo estaba en juego, si no se quedaba al pendiente, ¿qué tal que Regina aprovechaba para hacer de las suyas?

Beatriz soltó un suspiro, como si todo el peso del mundo le cayese encima.

—Liam, él está pensando en mi bienestar. No puedo ser tan egoísta.

—Entiendo lo que dices, pero aunque no vayas, el señor Tamez lo entendería. ¡No tienes que cargar con todo tú sola!

Tantos años luchando por este momento, por fin habían logrado llegar arriba, y ahora, justo cuando se suponía que debía mantenerse firme, ¿iba a irse y dejar el campo libre para que Regina se enterara y les jugara chueco? Eso no convenía nada.

Beatriz lo sabía perfectamente.

Mientras ella estuviera en la empresa, era como una sombra que no dejaba respirar a Regina.

Su presencia bastaba para asfixiar las intenciones de Regina.

Pero si se iba, todo podía desmoronarse en un instante.

Por un momento, Beatriz vaciló.

En la sala, la mirada de Liam seguía clavada en ella, sin pestañear siquiera.

Parecía suplicarle que lo pensara bien.

Tras un silencio que se alargó, Beatriz suspiró con resignación.

—No importa lo que pase, tengo que ir. No hay de otra.

—Liam, las relaciones se construyen entre dos.

—Eso lo tengo bien claro, pero si el señor Tamez entiende todo lo que has pasado, seguro te apoyaría para que no vayas —insistió Liam, apretando las manos a los costados.

—Él sí me apoyaría si decidiera quedarme, pero yo no puedo hacer eso. Es cuestión de respeto, de educación, es darle su lugar al otro. Es algo que deben cuidarse entre esposos.

La voz de Beatriz fue subiendo y a Liam casi le hervía la sangre.

¿Quién tenía razón? Nadie. No había buenos ni malos.

Beatriz veía por su matrimonio.

Liam solo podía pensar en Beatriz.

Empujó la puerta, y empezó a buscar entre los estantes, sacando algunos libros y aventándolos sobre el sofá.

Andrés entró en ese momento y vio a Liam encorvado, hojeando uno de los libros.

Se acercó curioso y, al ver la portada, se llevó un buen susto.

—¿Y ahora qué te pasó? ¿Desde cuándo te pones a leer economía?

—¿O qué? ¿Ya no quieres ser guardaespaldas? ¿Piensas cambiarte de bando y montar un negocio?

Andrés comenzó a revisar los libros amontonados.

Había uno de economía política, otro sobre el origen de la riqueza, un texto de principios económicos y hasta uno de teoría pura de la economía.

—Liam, no me asustes, ¿qué te traes? Si de repente te vuelves millonario, yo sí me pongo nervioso.

Liam chasqueó la lengua, molesto.

—Cállate y vete.

—Es en serio —Andrés se agachó a su lado, mirándolo con atención—. Cuéntame, ¿qué te pasó? ¿Por qué andas tan raro?

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